Blog

DE VIAJE CON EL TÉ

13/MAR

Todos los amantes del té tenemos que darle las gracias al dios chino Shennong por haberlo descubierto. Según cuenta la leyenda, el té se creó después de que unas hojas divinas aterrizaran en el agua que el propio dios había colocado en plena ebullición.

Hoy en día, el té es la bebida más consumida después del agua, y se cultiva desde Asia hasta América del Sur. Hoy os invitamos a probar la espuma líquida del jade, como lo definió el filósofo taoísta Lao Tzu.

En las Montañas Centrales de Sri Lanka, la miel de color rojo se mezcla con los arándanos. Estamos en Ceilán, antigua colonia británica. Hoy en día, sus antiguas casas y hoteles aún traslucen su aroma inglés. Valles, arrozales, acantilados, cascadas y todo tipo de aves atraen a cualquier amante de la naturaleza.

 Los turistas más nostálgicos y sosegados podrán jugar al golf o bien al polo. La epopeya de Ramayana viene a nosotros entre las estatuas del Templo de Sitay las rosas de los Jardines de Haggala. Tomar un té en Ceilán es algo más que divino.

Darjeeling, en la India, es famosa por su champán de tés. En esta ciudad fue donde comenzó su trabajo misionero la Madre Teresa de Calcuta. Esta es la tierra del rayo, el dios hindú del cielo, Indra, que se supone que cayó aquí por primera vez en la tierra.

Los turistas nos extasiamos con las magníficas puestas de sol de Tiger Hill, desde donde se pueden tener unas vistas increíbles del Everest. Desde el Observatorio se pueden apreciar las cumbres nevadas del Monte Kanchenjunga, el tercer pico más alto del mundo. Monasterios budistas e hindúes pueden verse por esta zona.

En el Monte Chiri, en Corea del Sur, las hojas del té mejoran incluso la vista y combaten el envejecimiento. Estas hojas se recogen en Chiri-San, un parque nacional donde hay una selva virgen, dormida entre nubes, templos budistas y preciosas azaleas. Se trata de una de las montañas más importantes de Corea, y los coreanos dicen que allí reside Dios.

En Taichung City, Taiwan, el té, más que una bebida, es una divertida mezcla de té, miel, leche condensada y bolas de tapioca. Se hizo popular en los años 80, y de ahí, famoso en todo el mundo. En esta ciudad, podemos bañarnos en sus aguas termales, contemplar los templos del siglo XIX, y disfrutar del Parque del Agua. Un deber turístico es la visita al Parque Zhongshan, símbolo local.

Por último, os llevamos hasta Fukuoka, en Japón, en donde se cree que el té sirve incluso para prevenir el cáncer. Allí las conocidas como hojas de Gyokuro son cultivadas entre los peces y las luciérnagas. Además de las luciérnagas, la ciudad es conocida por sus altares budistas hechos de bambú. No dejéis de disfrutar del Puente Colgante del Somanosato Keiryu Park.

Fuente: rumbocero.com

 

Añadir Comentario



EL TÉ DEL HARÉN DE ARQUÍMEDES

11/MAR

En 1986 nos llegó esta película francesa producida por Costa-Gavras, pero de raíz y raigambre cien por cien argelina. Su realizador, Mehdi Charef, se lanza al arte de la pantalla para trasladar a ella su propia novela, escrita en 1982. El profesor de geometría hace pasar al chico al pizarrón. Le dicta: “el teorema de Arquímedes” (le theorème d’Archimède); el chico escribe “Le thé au harem d’Archie Ahmed”. Las carcajadas de los compañeros rebotan contra las paredes de la clase. 

El té del harén de Arquímedes (Le thé au harem d'Archimede, juego de palabras con Le théorème d'Archimede empleado por sus protagonistas) nos relata en tono naturalista y con humor irónico, el duro vivir diario de los argelinos emigrados a Francia, condenados al desarraigo, al paro y a la droga en grado extremo, huyendo Charef del exceso melodramático; en éste sentido, su película entronca con la libertad expresiva que un cuarto de siglo antes significara la nouvelle vague, y probablemente no sea casual que nuestro protagonista, al igual que el de Los cuatrocientos golpes de Truffaut, consiga al fin alcanzar el mar, signo supremo de una liberación.

Es un filme bien narrado e interpretado por sus desconocidos actores y, sobre todo, es un filme sincero y emotivo. Y lamentablemente muy difícil de encontrar para su visionado.

 

Añadir Comentario



HISTORIAS DE SHANGAI

04/MAR

Esta historia tan curiosa está publicada en la página http://www.soitu.es/y sus autores son RICARDO MARÍA y EIDER SUSO:

Con la llegada de los turistas y los Juegos Olímpicos la picaresca china se agudiza en numerosas ciudades. Íbamos el otro día caminando por la calle, cuando se nos acercaron tres chinos y nos preguntaron de dónde éramos y qué hacíamos aquí. Eran los primeros chinos que hablaban inglés que encontrábamos desde que empezamos a viajar hace un mes.  Eran unos médicos de Xian que estaban en Shangai en un congreso. Después de un rato hablando, llegamos al punto en el que nos teníamos que despedir, pero nos invitaron a acompañarles a una zona de callejones antiguos que no conocíamos y que estaba cerca. Nos pareció buena idea y aceptamos la invitación.

Al llegar allí y dar una vuelta, uno de ellos nos propuso ir a tomar un té y descansar del frío. Casualmente estábamos delante de una casa de té donde una chica en la puerta nos invitó a pasar. Nos preguntaron si nos parecía bien el sitio y asentimos. Entramos en una preciosa sala de té, decorada al más puro estilo tradicional. Los botes transparentes albergaban hierbas y flores y los vasitos de cerámica estaban perfectamente alineados cerca de las teteras. Parecía la mesa de un alquimista. Mientras charlábamos, ella preparaba las mezclas contándonos las propiedades curativas de cada una de las hierbas: jazmín, té verde, té de flores... cada uno tenía un olor, un sabor, un color, una preparación especial. Era un espectáculo fascinante.

Acabamos probando 8 tipos diferentes de té. Poco después llegó la cuenta y con ella una sensación muy extraña. La factura estaba en chino, los médicos empezaron a sacar billetes y a decir que "las degustaciones de té son algo muy caro y que lo mejor es repartirse la cuenta". No entendíamos nada y sobre todo no entendíamos cuánto teníamos que pagar. Al final, uno de ellos se animó a decirnos que tranquilos, que sólo teníamos que pagar 800 yuans (80 euros, 10 veces más de lo que pagamos por una habitación doble en un hotel).

Todo pasó muy rápido y no entendíamos cómo podía ser tan caro, pero al mismo tiempo no queríamos quedar mal y menos insultarles. Les dijimos que no teníamos suficiente dinero y nos informaron de que se podía pagar con dólares o tarjeta de crédito. Les repetimos que no teníamos dinero y sacamos los escasos 70 yuans que teníamos en el bolsillo.

Ellos estaban nerviosos y acabaron aceptándolo repitiendo que no nos preocupáramos y que ahora éramos amigos, así que que "una vez pagan unos y otras otros". Salimos ansiosos e incómodos. Bastó recorrer unos metros juntos para que se despidieran con una excusa. Sin duda había sido un timo.

Y entonces voltereta mortal a lo 'Nueve Reinas', sorpresas de viajar con un argentino. Mientras yo estaba en el baño, Ricardo trató de ir a buscar la tetería, pero era imposible. Un edificio más en una calle gris. Pero en el camino se encontró con nuestros timadores de guante en blanco que debían tener poca experiencia y volvían a por su botín. Les siguió y se les plantó delante: "Señores vengo a felicitarles. Muy bueno el truquito. Pero devuélvanme los 70 yuans. Bueno, denme 50 porque el timo ha estado bien. Mi novia esta con la policía. Yo no quiero problemas y supongo que ustedes tampoco."

Y así recuperamos los yuans y experimentamos uno de los timos más comunes en la china preolímpica. Hay varias versiones: estudiantes que quieren practicar el inglés y te llevan a un restaurante para no pagar la cuenta o atractivas chicas que quieren tomar unos tragos. Y visto lo tranquilos que son los timos chinos, concluimos recordando que el miedo a no salir de casa es mucho más perjudicial que cualquier estafa.

 

 

Añadir Comentario