Khartoum, Sudán. Las vendedoras de té llegan antes que el sol, encienden fogatas, agitan jarros, cucharean azúcar. Tararean y cantan, mujeres perdidas, marcadas con símbolos tribales, lejos de casa. Se sientan a esperar, con las teteras siseando entre el rescoldo y las cenizas, empezando el gran día, cayendo sobre el Nilo como un trapo mojado.
Khadiga Salim respira hondo. Ha tomado dos buses y gastado dos horas viajando desde las barriadas hasta el centro de Khartoum. Hace dieciséis años que vive aquí, desde que los tiroteos y los ladrones de ganado ahuyentaran a su familia de su granja en Darfur. Su hermana la introdujo en el oficio, le dijo, en estas calles, querida, una vendedora de té es lo mejor que puedes ser.
Húmedas, suaves y rápidas, sus manos revolotean entre el jarro y el colador, aviva el fuego, la tetera de plata ennegrecida. La vida la pasa vendiendo té a amigos y desconocidos en un pedazo de la acera apenas algo más ancho que su falda. Esta ciudad se volvió dura y el hombre con quien se casó terminó siendo malo, pero su voz es bonita, y sosiega a los hombres de turbante blanco que sorben té en delgados vasos.
"Soy divorciada. Tengo cuatro hijos. El dinero no es suficiente", dice Salim, que tiene las mejillas tatuadas con las finas líneas de la tribu misseriya. "Quería trabajar en limpieza de casas, pero no había trabajo. Tengo que trabajar en la calle. No puedo pagar una tienda. La policía nos persigue. Se roban nuestras teteras y se llevan nuestras jarros".

Las vendedoras de té de la capital sudanesa son viudas, están en la ruina, luchando, solas. Miles de ellas han escapado de la pobreza, huido de guerras, enterrado familias; la edad se les echó encima. Dispersas por toda la ciudad, vestidas con colores que parecen robados de arco iris y pavos reales, esperan a la sombra de los árboles y edificios, junto a niños limpiabotas y hombres que venden tarjetas de teléfono, sirviendo hasta el anochecer, ocultando sus cocinas, despareciendo en la noche.
La policía escaldó a algunas de ellas con su propio agua. El ministerio de Salud dice que sus utensilios son sucios. Existen en un mundo de las tinieblas que rebota entre el delito menor y la necesidad. Esta ciudad vive con té. Alivia las horas, recompone el alma en el bochorno de la tarde, anima la charla de labradores, banqueros y jeques.
Las vendedoras de té conocen las historias de Khartoum; susurros y cucharas tintineantes. Ven, siéntese en una silla rota o en una caja, deje que el vaso se enfríe en sus manos. ¿Cuál es la prisa? Si presta atención, puede oír los golpes de las redes de los pescadores en los cenagales.
Salim se echa el chal de manchas de leopardo, ligero como gasa, sobre los hombros y la cabeza. Se levanta brevemente una brisa. El fuego calienta el aire a su alrededor, pero ella no suda; sonríe, radiante, como la brisa, pero no por mucho tiempo. Las palmas de sus mano resplandecen blancas, la punta de los dedos manchados con el sepia de las fotografías antiguas; pero sus sandalias se ven como nuevas, tiras de cobre y flores color ámbar. Menciona el nombre de su pueblo en Darfur. Y habla de la ciudad más cercana, que suena como canción: Babanusa.
"Teníamos cabras y ganado, pero ahora ya no tenemos nada", cuenta. "La guerra se los llevó. Nos los robaron o murieron de hambre y sed. Mi padre murió en Darfur. Mi madre murió en Karthoum. Me escapé de mi marido. Me golpeaba y hacía problemas. Ya no quiero tener problemas. Nunca volveré a Darfur. Eso lo sé".
Lava un vaso y lo coloca sobre una bandeja plateada. Arroja carbón a las brasas. Un cliente dice algo sobre su pueblo natal; Salim desvía la vista, mirando abajo en la calle, mirando las sombras que rodean al sol. Al menos trescientas mil personas han muerto asesinadas en Darfur, más que los vasos de té que ha servido.
A la vuelta de la esquina, Zahra Ragil amamanta a su hijo. Su tetera hierve. Ella y su marido dejaron las montañas de Nuba para marcharse a la ciudad hace veinte años. Él encontró trabajo en una fábrica, pero hoy en día trabaja como conserje en un hospital; Ragil ha montado una caja y una estufa en una acera de labradores, tenderos y máquinas de aire acondicionado. Gana entre seis y catorce dólares al día, pero el carbón, el té y el azúcar son caros y a menudo lo que empieza como un buen día, terminal mal.
"Era mejor en las montañas", dice, apoyándose contra una muralla de ladrillos de color verde. "Aquí todo nuestro dinero lo gastamos en el alquiler y en la educación de los niños. Quiero volver a las montañas, pero allá las escuelas no son buenas. Estuve limpiando una comisaría de policía. Me pagaban cuarenta dólares al mes. No es suficiente".

La policía le ha requisado sus jarros y teteras veinte veces en los últimos ocho años. Dice que las venden en los mercados de pobres. Eso quiere decir casi todos los mercados de aquí. El dinero del petróleo ha hecho surgir nuevos brotes de vidrios teñidos en la línea del horizonte, pero la mayoría de la gente todavía está esperando que mejoren sus condiciones de vida. La sombra pasa; brillan las teteras de Ragil -una de plata, otra de bronce. Mohammed, su hijo, tropieza, y su hermana mayor -de ocho años- se lo lleva montado en su cadera.
"La mayoría de las señoras del té se conocen unas a otras. No tenemos tiempo para hablar. Nos saludamos y seguimos corriendo para vender el té", dice Ragil. "Cuando viene la policía, nos llamamos para avisarnos y nuestros clientes nos ayudan a esconder nuestras pertenencias".
Tiene cuarenta años y todavía juega al escondite. Se ríe con la idea, pero no se siente realmente bien, sentada con su vestido rojo, asándose al sol, las teteras hirviendo y ningún cliente, sólo cucharas asomándose entre latas y vasos que deben ser lavados en el cubo de agua. Sabe que la temporada de lluvias está convirtiendo su casa en la montaña en resbaladiza y verde.
"Me siento aquí y pienso en el futuro de mis hijos", dice. "¿Qué pasará con ellos? ¿Se pueden cuidar a sí mismos? Con la edad, es más difícil trabajar. No sé si viviré mucho tiempo".
Cierra sus ojos, atenta a su hijo, que está tranquilo en los brazos de su hermana.
La brisa se pone tacaña en la calle de Salim. Dos hombres de la librería vienen a tomar un té. Salim sirve. Ya no le queda ninguno de los caballos de la familia y los niños están pasando hambre. Se pregunta cómo puede ocurrir algo así en un mundo que lo tiene todo. Quizás sólo algunos lo tienen todo. Es generosa con su azúcar, y los hombres se sientan un rato, escuchando los ruidos de la calle más allá de un edificio semi derruido.
"Parece que no duermo nunca", dice Salim.
No falta mucho para el autobús de las cinco. Tendrá que empacar pronto, apagar el fuego, extinguir las brasas, apretar las tapas de los jarros, vaciar la tetera. Suspira y acomoda su chal; quizás vengan algunos clientes más, hombres que necesiten algo dulce en camino a casa.
Pule una cuchara y canta una canción de su país perdido, su voz alta y suave como el agua.
"Es antigua", dice. "Trata de una época antes de que las aldeas fueran atacadas por el ejército. Canto porque la vida ya no es tan buena y eso me hace pensar sobre el pasado, que era bello".
FUENTE: Jeffrey Fleishman(LOS ANGELES TIMES)
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El Café de Pierre Loti, es un emplazamiento mágico en las colinas del barrio de Eyüp en Estambul, un pintoresco lugar desde cuyas terrazas se puede contemplar unas impresionantes vistas sobre el Bósforo y los barrios de la ciudad, un lugar que siempre permanecerá en el recuerdo de todo aquel que lo visita.
Hasta este curioso Café, se puede acceder con un moderno teleférico instalado en la base de la colina ó si se prefiere, andando a través de los senderos del cementerio que suben desde la mezquíta del Sultán Eyüp.
Este conocido café de Estambul, toma su nombre del escritor y aventurero Julien Viaud conocido con el seudónimo de Pierre Loti, que al parecer acudía hasta este lugar para inspirarse.
Pierre Loti, nació en Rochefort, Francia en el año 1850, cursó estudios en la Escuela Naval de Brest, alcanzando el rango de capitán. Loti, fue un incansable viajero que recorrió durante 40 años, numerosos países en su condición de marino. Fué un gran entusiasta de la cultura y costumbres de los países de Oriente, lugares que posteriormente le servirían como escenario de sus muchas obras y novelas de estilo impresionista.

El PIERRE LOTI CAFÉ es un buen lugar donde reponer fuerzas al calor de un delicioso TÉ turco. Una oportunidad única para disfrutar las magníficas vistas del Cuerno del Oro y del cementerio.
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Cha yen
Tailandia es un país caluroso. Así que el té se ha convertido en una bebida para refrescarse. Uno de los tés favoritos es el cha yen, una infusión helada preparada con o sin leche. El té con leche se llama cha yenes. El té sin leche se llama cha dum yenes. En el mismo pueblo, el cha yen es servido en bolsitas de plástico con un sorbete para disfrutarlo en el camino.
La bebida tailandesa es muy dulce. Lleva hojas de té rojo fuerte que se mezclan con anís de estrella, se le agrega una buena cantidad de azúcar y agua hirviendo, para darle color también podemos agregar esencia de tamarindo. Luego movemos la preparación con una cuchara, después le añadimos leche condensada. En otro vaso lleno de hielo, vertimos el té, para que al final echemos un chorro leche evaporada y ya está listo.
Incluso podemos encontrar en los restaurantes, una especial preparación del cha yen con un espectáculo colorido. Aquí se vierte, de un vaso a otro al té para que tenga una consistencia espesa y sea más cremoso. También se puede encontrar productos envasados de cha yen, en los supermercados.
El cha dum yenes tiene la misma preparación, a diferencia que no le ponemos leche. Si le gusta la bebida caliente se reduce a la mitad del azúcar. Se recomienda tener cuidado con derramar el té sobre la ropa porque puede dejar manchas.

cha yen y cha dum yen
Una perfecta combinación entre el cha yen helado y la picante comida tailandesa. También existen otros tés que ya están volviéndose los preferidos en Tailandia como el té verde con limón, el té de rosas o el té verde con cebada. También son servidos en vasos de forma alargada.
Fuente: te.com.es
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Hay un lugar en Tánger que no debe pasar por alto nadie que presuma de ser un buen viajero. El Café Hafa, construido en el año 1921, se encuentra en un precioso enclave natural cercano al barrio Marshan. Desde sus terrazas escalonadas y floridas se divisa una impresionante panorámica del Estrecho de Gibraltar y la costa española. En los alrededores se encuentran los cabos Espartel y Malabata y las grutas de Hércules. Mientras tomas un té a la menta incluso puedes llegar a oír la llamada a la oración. Ensueño y leyenda, eso es el Café Hafa. Un lugar donde disfrutar de un auténtico té marroquí.

El Café Hafa es un sitio mágico, romántico y bohemio por excelencia, todo el que ha pasado por allí se ha enamorado del lugar. A más de un visitante le ha llegado la inspiración aquí, y es que ha sido desde siempre una parada obligatoria para todo artista que se precie. Sus mesas las han ocupado desde los más internacionales como los escritores Tennessee Williams o Paul Bowles hasta los más cercanos como el cantautor español Luis Eduardo Aute, quien escribió su canción Hafa café tras haber visitado este "establecimiento". Y es que el Hafa es un edén, un lugar para relajarse, para sentir el placer de la brisa africana, disfrutar de un paisaje espléndido y dejarse llevar. Y si encima lo hacemos con nuestra mejor compañía, el té marroquí no tiene precio.
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El consumo de té aumentó el año pasado casi un trece por ciento. Los checos gastan en té dos veces más que en la educación. Estos son los datos publicados por la Oficina Nacional de Estadística.
Radio Praga hizo una pequeña encuesta entre los ciudadanos checos.
"Bebo té sobre todo en invierno, a veces también en verano pero tiene que ser un té fresco. Me gusta más el té de frutas y prefiero el té a granel porque es de mayor calidad. No desayuno té porque no tengo tiempo, suelo preparármelo por la tarde cuando ya no tengo prisa".
"Bebo té bastante a menudo. Me gusta más el té negro, marca Earl Grey. Prefiero el té a granel porque me parece que es más fresco y además puedo preparar la cantidad que quiero. El té me ayuda a concentrarme, me da fuerza y energía".
Aunque los dos encuestados dan preferencia al té a granel, la aplastante mayoría de la población checa consume el té en bolsitas, cuya preparación es más fácil, según afirma Milos Matejka, director comercial de la compañía Biogena.
"Entre el quince y el veinte por ciento de los checos consume regularmente té a granel. De los sondeos se desprende que se trata de gente más educada y luego de las personas que disponen de más tiempo. Son más las mujeres que beben el té. El consumo del té es una cuestión estacional, aumenta entre octubre y marzo".

El té está muy de moda entre los estudiantes checos que son clientes asiduos de los salones de té. En la República Checa de diez millones de habitantes hay 120 teterías. "Este número tan alto es peculiar en Europa, a los salones de té checos vienen incluso los hindúes", dice medio en broma Petr Zelík, presidente de la compañía Oxalis.
Y, ¿qué variedades de té se consumen en la República Checa? Responde el director comercial de Biogena, Milos Matejka.
"Casi el único té vendido aquí bajo el antiguo régimen comunista era el té negro. Después de la Revolución de Terciopelo, los checos descubrieron el aroma y el sabor del té de frutas".
Milos Matejka afirma que también el consumo de té es una cuestión de moda.
"A mediados de los años noventa empezaron a conquistar el mercado los tés verdes, seguidos de infusiones tales como Roiibos, que en realidad no son tés porque no se producen a partir de esta planta. En el caso del té verde y de estas infusiones, los comerciantes destacan sus efectos benéficos sobre la salud. No contienen teína y tienen efectos antioxidantes".
En la actualidad, están de moda tés como el mate y el lapacho, un té de corteza roja.
"Según los sondeos realizados en el mercado por Biogena, comienza a crecer el interés por la mezcla de té de frutas y el de hierbas, ya que une el buen sabor de las frutas y los efectos estimulantes o tranquilizadores de las hierbas".
Fuente:http://www.radio.cz
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Después del agua, el té es la bebida más consumida en todo el mundo. Tal como explican Elvira Gonzalez de Mejía y sus colaboradores, de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, el té se procesa a partir de las hojas de la planta Camellia sinensis, cultivada en las regiones tropical y subtropicales del planeta. Tiene dos variedades principales: Camellia sinensis var. sinensis, de hoja pequeña, porte de arbusto y cultivada en China y Sudeste de Asia, y Camellia sinensis var. assamica, de hojas grandes, aspecto de árbol y cultivada en la India y otros países de clima semitropical. Esta variedad tiene muchos taninos y se utiliza para preparar el té negro mientras que la variedad sinensis da lugar al té verde.
El té verde se fabrica con hojas no fermentadas y, según A.B. Sharangi, de la BidhanChandra Krishi Viswavidyalaya de Mohanpur, en la India, es de color verde o amarillo, con sabor dulce y después amargo, muchos polifenoles, poca cafeína y, en algunos bebedores, irrita el estómago si se toma en ayunas. Es el tipo de té que más se consume en China, Japón, India y Thailandia, mientras que es el té negro el más popular en occidente. Según Joerg Gruenwald, de la empresa Analyze and Realize AG, de Berlín, el té verde, por llevar gran cantidad de polifenoles, conocidos antioxidantes, tiene propiedades antiinflamatorias, contra la irritación de la piel y anticelulitis. Además, aumenta el gasto metabólico en reposo lo que implica que contribuye a la pérdida de peso.

Ya en concreto, el té verde, si se toman tres tazas al día, previene los derrames cerebrales según el trabajo Lenore Arab y su grupo, de la Universidad de California en Los Angeles. Han revisado los datos de nueve trabajos publicados que tratan, en conjunto, de 4378 pacientes con derrame cerebral en una población total de 194965 personas. Han relacionado el derrame cerebral con el consumo de tres o más tazas de té al día y han encontrado que las personas que lo hacen tienen un 21% menos de probabilidades de sufrir el accidente vascular frente a los que consumen menos de una taza al día.
Por otra parte, uno de los polifenoles del té verde, la epigallocatequina-3-gallato (EGCG), según Blake Roberts y su grupo, de la Universidad de Pennsylvania en Philadelphia, actúa in vitro contra los componentes de los priones, esas moléculas complejas que provocan enfermedades cerebrales como el Alzheimer, e impiden su desarrollo. Quizá, en un futuro, se aclare este proceso y esta molécula del té verde ayude en la lucha contra estas enfermedades degenerativas del cerebro.
Y, para acabar, mencionar que Kaijun Niu y su equipo, de la Universidad Tohoku de Sendai, en el Japón, han encontrado, después de estudiar el consumo de té y los síntomas de depresión en 1058 personas de más de 70 años, que la toma de cuatro o más tazas diarias de té verde reducen los síntomas depresivos en casi un 50% en ancianos, sin que influya el sexo.

Eduardo Angulo es doctor en Biología y profesor de la Universidad del País Vasco. Su área de investigación es el estudio microscópico de células y tejidos, y su relación con los cambios ambientales. Ha publicado más de cien artículos de investigación en revistas científicas y es autor de los libros 'Julio Verne y la cocina: la vuelta al mundo en 80 recetas' y 'Monstruos'. Es miembro del Círculo Escéptico.
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El universo del campo de concentración visto a través de la atónita mirada de un niño, la guerra vivida por adolescentes, el arduo o imposible retorno a lo cotidiano en la Rumania de la posguerra y de la dictadura, las heridas incurables impresas para siempre en la memoria: ése es el horizonte existencial de estos relatos de Norman Manea.

Si la persecución a la etnia judía, la lucha por la supervivencia, el conflicto incesante, la pérdida del sentido de las cosas y de la humanidad lanzan a los protagonistas a un exilio espiritual, del caos puede surgir a veces la redención gracias a un pequeño destello de esperanza, a un valiente gesto de desafío, a momentos de epifanía poética.
Así, por ejemplo, en el relato que da título a esta recopilación, el rito diario de tomar un aguachirle, a modo de té, en el que participa toda una familia en un campo de concentración, ilumina la escena del regreso del Horror a quizás otro horror, en un instante proustiano que nunca se borrará del recuerdo.
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Matsushima es el nombre dado a un grupo de 260 islas cubiertas de pinos dispersos en la bahía del mismo nombre. El paisaje cambia continuamente, de isla en isla y según las estaciones. Matsushima está considerado como uno de los tres sitios más bellos de Japón, con la isla Miyajima, cerca de Hiroshima y Amanohasidate cerca de Kyoto. Cuenta la leyenda que el poeta Basho, de camino a Matsushitma, no pudo escribir ni un verso sobre esta zona porque no había palabras para evocar la belleza del lugar.

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Durante miles de años caravanas de comerciantes han surcado las montañas del sudeste de China con sus caballos cargados de té. Esta ruta, mucho menos conocida que la famosa “Ruta de la Seda”, atravesaba áreas de gran belleza pero muy peligrosas, debido a la altitud y a lo escarpado del terreno.
La ruta tenía dos ramales, uno que comenzaba en las provincia de Sichuan y otro en Yunnan, para dirigirse hacia el este de las montañas Hengduan, centro de producción del té chino. Después, cruzaba esta cadena montañosa, y varios profundos cañones, erosionados por ríos como el Yalong, el Jinsha, el Lancang (o Mekong) y el Nu (o Salween). Por último, atravesaba las altas mesetas del Tibet, antes de alcanzar la India, al otro lado de la cordillera del Himalaya.
El nombre chino de esta ruta es Chamadao (茶马道), que significa textualmente “la Ruta del Té y los Caballos”, aunque realmente también se comerciaba con otros productos. Las caravanas portaban té, azúcar y sal desde Sichuan y Yunnan hasta el Tibet, y regresaban cargadas de objetos tibetanos. Eran también muy cotizados los caballos de raza tibetana, pequeños y muy resistentes.
En ocasiones también se le ha conocido como la “Ruta de la Seda del sur”, aunque la seda no era uno de los productos que se intercambiasen. La Ruta del Té también sirvió para establecer lazos culturales entre China e India.

El camino que se iniciaba en Yunnan partía de Pu’er, lugar famoso por su té, conocido en Occidente como té rojo. Esta población se encuentra en la actual prefectura de Simao. A continuación se dirijía hacia Dali, Lijiang, Zhongdian (Shangri-La), y Deqin. En este punto entraba en Tibet y atravesaba los pueblos de Mangkang, Zuogong, Bangda, Changdu, Luolongzong y Gongbujiangda, hasta llegar a Lhasa. Desde la capital de Tibet giraba en dirección sur, hacia Gyantse, Pali y Yadong, y finalmente cruzaba a Nepal y posteriormente la India.
La ruta sichuanesa se iniciaba en Ya’an, otro famoso centro de producción de té. Luego continuaba a través de Luding, Dangding, Batang y Changdu hasta Lhasa, donde se unía con las caravanas procedentes de Yunnan.
La Ruta del Té, a lo largo de casi cuatro mil kilómetros, atravesaba más de cincuenta ríos, quince puentes de cuerda y diez de piedra. También cruzaba más de setenta montañas con altitudes superiores a los 3000 metros, lo que hace de ella una de las más difíciles y peligrosas del mundo
Fuente: http://www.eltartalo.com/
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Las teteras turcas, más allá del material con el que sean construídas, tienen una particularidad: son dos teteras montadas una encima de la otra. En una se coloca el té y en la otra el agua. Luego las preparaciones se intercambian y así se formula la peculiar manera de consumir el té en el país otomano. En Turquía solo se toma el té negro.
La tetera turca, llamada çaydanlik (se pronuncia chaidanlék),es muy popular en su país de origen, ya que el té allí no se prepara de la misma manera que en otras partes. Así es como ellos mismos se encargaron de patentar esta manera de elaborar la ceremonia de esta bebida.
Esta tetera turca tiene dos secciones. La inferior, en donde se deposita el agua, mientras que en la superior se deposita el té. Más precisamente la operatoria es la siguiente, por si alguno tiene la tetera a mano y no sabe como se emplea:

“Kahvehane”, es el lugar en donde se reunen, en general, los hombres. Aunque el nombre venga del café, jugando las cartas se toma el té. “Çay Bahçesi” (el jardín de té) es el típico lugar al aire libre para tomar el té. Si el nombre viene como “Aile çay bahçesi”, quiere decir que es más para las familias. En estas terrazas de té no suelen servir bebida alcohólica, incluso la cerveza.
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Os traemos una pelicula china un tanto peculiar....
Tea Fight nos recuerda a algunos de esos mangas que hacen del concepto más disparatado su razón de existir. Los hemos visto adaptar cualquier temática, por inverosímil que pudiera ser: competiciones de peonzas, cocineros de sushis y superhéroes con los calzoncillos en la cabeza. Pues bien, esta coproducción taiwanés-japonesa crea un concepto nuevo, que podría existir dentro de ese universo (aunque sea invención del propio director), el de clanes enfrentados durante generaciones a causa del té que producen, lo que lleva al mundo a una situación en la que existe un mercado negro en el que se trafica con los mejores tés y las rivalidades se resuelven en peleas de té (básicamente ver quien hace el brebaje mejor que juzgará un experto).
Sobre el papel suena mucho más espectacular que en la visión del director. Si bien incluye algún momento que otro que podría considerarse de estilo anime (esas persecuciones ridículas a lo Keystone Cops y el color azul del peinado de Vic Chow) la película parece disfrutar con ese desarrollo de ritmo zen, con sus numerosos toques oníricos y pretendidamente espirituales (como el personaje de Eric Tsang, al que solo le falta decir “I pull the strings”).
No será del agrado del que espere una película convencional, pero sí de aquellos amantes de lo oriental que estén interesados en sumergirse un poco más en la cultura del té y disfrutar de cien minutos dentro de un universo único.
Lo mejor: El extenso prologo animado.
Lo peor: Esperar más de la cuenta de un título y un concepto que podrían dar de sí una película completamente diferente.
AÑO: 2008
DIRECTOR: Wang Yemin
INT.: Erika Toda, Teruyuki Kagawa, Vic Chow, Janine Chang, Yoshihiko Hosoda, Eric Tsang, Chin Shih-Chieh.
GÉNERO: Drama.
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Tras una inversión millonaria, vuelve a abrirse al público el salón de té del emblemático edificio neoyorquino, el Palm Court, retratado en cientos de películas, series y novelas.
Han sido necesarios más de 400 millones de dólares y tres años para renovar el Plaza, el hotel –y ahora también edificio de apartamentos- más emblemático de Nueva York. Es todavía un trabajo a medio terminar, pero desde esta semana en este rincón de la quinta avenida se vuelve, al menos, a beber té.
Cerrado por renovación en diciembre de 2008, el Palm Court –la sala de las palmeras- es uno de los espacios más famosos y elegantes del edificio desde su fundación en el año 1907. Se conoció en un primer momento como el 'salón del té' y no cambió de nombre, de hecho, hasta bien entrado el siglo XX. Entre sus columnas de mármol y bajo sus vidrieras se han sentado desde el imaginario Gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald hasta los Beatles durante su visita en 1964.
Ahora vuelve más luminoso y aireado tras una inversión de 6,5 millones de dólares. Se han vuelto a soplar y colorear los cristales de bóveda central, de 167 metros cuadrados de superficie, y cuenta con un nuevo menú, diseñado por el chef Willis Loughhead y la maestra pastelera Jasmina Bojic.

Con el mismo espíritu de los grandes y más exclusivos salones de té de Londres, como el de los hoteles Langhman y Claridge, El Palm Court del Plaza sirve el tradicional té de la tarde –desde las dos hasta las cinco- acompañado de pequeños sándwiches y pasteles.
Hay menús tradicionales, con los clásicos sándwiches de pepino ingleses y otros más modernos y arriesgados que ponen un toque neoyorquino en la hora del té, con sándwiches de roast beef y pequeñas tartas de queso, o pensados para los amantes del chocolate. Para los niños hay también un menú inspirado en Eloise, la niña protagonista de las novelas de la escritora Kay Thompson y que vive «en la punta más alta» del hotel, con sándwiches de queso y mantequilla de cacahuete.
Los precios rondan los 45 dólares por persona y es una forma fantástica de terminar un día de compras en Manhattan. Además en el Plaza no ponen reparos si no se cumple con las normas de etiqueta del local, business casual es lo adecuado.
FUENTE: www.ocholeguas.com
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Hoy os proponemos un viaje alrededor del mundo degustando y apreciando diferentes culturas del té. Después de un largo día de viaje, descansar junto a una buena taza de té siempre es agradable.
Seguramente nadie se toma tan enserio el té como los ingleses. Inglaterra es famosa por sus pueblitos de piedra anclados en el pasado, por sus ciudades histórcias, castillos, parques y palacios, por sus colinas de verde intenso, y desde luego, por su té.
No existe mejor lugar para degustar un rico té inglés que en los pueblos de Cotswolds, denominado el “corazón de Inglaterra”.
También podremos elegir para degustar especialmente el té inglés entre sauces que descansan sobre la corriente de un río en el pueblito donde nació Shakespeare, en Stratford-upon-Avon. Los que disfruten escribiendo posiblemente encuentren allí inspiración.
El té verde chino es tan famoso en el este como lo es el té inglés en el oeste. Para disfrutar de la cultura del té en China no hay mejor opción que visitar Chengdu.
Chengdu posee innumerables lugares tradicionales para disfrutar de la conversación, el buen comer, y una curiosidad, la limpieza de oídos (un servicio realizado por profesionales con una especie de pinzas largas y esponjas, seguidas de un masaje de hombros muy estimulante).
Existen inifinidad de lugares en toda China donde disfrutar de un buen té.
Después de atravesar los altísimos puertos de montaña para llegar a la meseta tibetana, el té verde chino cede su presencia a su primo occidental, el té de mantequilla tibetano. Este té es un pilar en la dieta local, posee una gran cantidad de mantequilla en algunos casos rancia y sal. Muchos viajeros encontrarán el sabor algo desagradable lo que hace indudablemente necesario adquirir el gusto con el tiempo para poder disfrutarlo.
Los tibetanos no sólo utilizan la mantequilla para realizar su famoso té, sino que también es utilizada como aceite para proteger sus labios del sol a estas altitudes. Por lo que podremos pensar que a cuantas más altitud viajemos en el Tibet más mantequilla tendrá el té que tomaremos.
Uno de los lugares más genuinos para degustar este té es la ciudad de Ganzi, la cual posiblemente sea culturalmente la más tibetana de todo el Tibet.
Desde los levantamientos del pueblo tibetano de 2008, en los cuales Ganzi era uno de los epicentros de protesta más violenta, la región al oeste de Sichuan ha quedado fuera de las rutas de los visitantes extranjeros. Así que si alguno de vosotros decide aventurarse hasta este remoto pueblo de montaña y se aloja en alguna de las casas de té que existen en el lugar, muy probablemente vaya a ser uno de los pocos viajeros que los ciudadanos de este pueblo vean en semanas.

Beber a pequeños sorbos el té de menta en los zocos de Marrakech implica más de lo que uno podría esperar. El té normalmente es servido en basitos de cristal con grandes grandes teteras de cobre.
El té de menta es adictivo y suelen servirlo a lo largo de todo el día. El alcohol es tabú dentro de los círculos tradicionales musulmanes, por lo que el té de menta es la bebida social sin discusiones.
El té en esta región del mundo se considera una pócima antigua que fue creada, entre otras cosas, para aliviar los efectos del mal de altura. Por ello la hoja utilizada no podía ser otra que la Coca.
Es muy común que en todos los alojamientos nos reciban con una taza de té de coca. Sin duda los viajeros lo agradecerán, aunque no sean amantes del té, pues la altas altitudes que debemos soportar hacen en ocasiones necesario un buen sorbo de esta infusión de coca.
Los peruanos cuentan que este té es recomendable para aliviar las resacas después de una noche de fiesta.
Fuente: diariodelviajero.com
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El lei cha o té machacado es la bebida favorita de la gente hakka( pueblo chino que emigró hacia las tierras del sur) y se ha convertido en un producto exclusivo de esta población en la villa Peipu,(TAIWAN). Es una forma en que los residentes de la villa promueven su cultura étnica y refuerzan el turismo al mismo tiempo. Aparentemente, el esfuerzo ha dado resultado. Turistas como Simon Goss vienen a la pequeña aldea desde sitios tan lejanos como Nueva York para degustar la cultura así como el té. "Machacar tu propio té es un poco cansado", dice Goss, "pero es divertido".
Tradicionalmente, el té ha sido la bebida más popular en Taiwan y muchas personas consideran que tomar té es una parte integral de su estilo de vida. "Incluso una pequeña tetera del té oolong más fino crea una atmósfera agradable en una reunión", dice Peng Meng-hui, dueño de la Casa de Té Tien Shui, ubicada en Peipu. "Tomar té se ha vuelto de moda otra vez".
Peng describe el tradicional té hakka como un espejo que refleja las costumbres hakka. "Los hábitos culinarios endémicos de un grupo étnico puede servir de vitrina que muestra las características distintivas de ese grupo", asegura.

A diferencia de Occidente, el té tiene un significado muy especial en el pueblo chino, y los distintos tés poseen diferentes connotaciones culturales. El té chino regular acentúa, entre otras cosas, en el sabor y aroma de una sóla variedad, o en una comparación de esas cualidades en consecutivas rondas de diferentes tés en una sola sentada. Por otro lado, el lei cha es una infusión de té que está estrechamente asociada con la experiencia del pueblo hakka.
"Lei" tiene varios significados tanto en el dialecto hakka como en mandarín. Cuando se pronuncia lui, por ejemplo, la palabra significa "machacar" o "trueno" en el dialecto hakka. Esto se refiere al proceso de machacar los ingredientes del té, algo que el bebedor debe completar primero.
Lo que se es desea es que el bebedor se divierta con el aspecto de hágalo usted mismo en la preparación del lei cha. Uno tiene que mezclar primero un puñado de hojas de té o polvo de té verde con cacahuates, ajonjolí y frijoles mung, procediendo después a usar un mortero y pilón para machacar la mezcla hasta por treinta minutos para pulverizarla. Mientras más fino sea el polvo, mejor será el sabor. Finalmente se añade agua caliente y arroz cocido, y el té está listo para ser disfrutado.
"La gente generalmente se turna para machacar los ingredientes", dice Peng. "La naturaleza cooperativa del trabajo puede servir como un rompehielos y permite que la gente se conozca entre sí", añade.

Las costumbres asociadas con el lei cha han pasado por muchos cambios desde sus inicios durante la dinastía Tang (618-907). Los hakkas son un grupo étnico relacionados con los chinos han del norte. Debido a las constantes guerras en el norte, ellos emigraron gradualmente hacia el sur, asentándose en las provincias de Kiangsi, Fukien y Kwangtung. Durante el largo viaje hacia el sur, se inventó el lei cha para mitigar el hambre sin tener que ingerir mucha comida, que era escasa. Todo lo que se necesitaba era un poco de granos, tales como frijoles de soya o lentejas, pulverizarlos y añadirle agua fría.
Todas las personas participan en el laborioso proceso de moler las duras nueces y otros ingredientes. Los aficionados creen que el aspecto hágalo usted mismo del lei cha ayuda a crear una atmósfera informal y permite que todos en la mesa se conozcan entre sí.
"Le resultaba imposible a los refugiados calentar agua", dice el dueño de la casa de té. "Por lo tanto, el lei cha fue un producto hecho a la medida para los emigrantes hakkas". Al llegar al sur, ellos se asentaron en la orilla de los cerros y cultivaron arrozales, plantaciones de té y otros productos agrícolas a través del arduo trabajo.
Otros piensan que la bebida es mucho más antigua. Ellos citan una leyenda que dice cómo el lei cha hecho con té pulverizado, arroz y jengibre era usado como un cocido herbolario para evitar la peste durante el período de los Tres Reinos (220-280). Incluso hoy, la gente considera que la bebida tiene propiedades medicinales.
Alrededor del año 1600, los hakkas ignoraron el decreto imperial que prohibía salir de China y se aventuraron a cruzar el Estrecho de Taiwan para descubrir pequeños poblados como Peipu. Ellos trajeron consigo la tradición del lei cha, y pronto se expandió en la isla, de costa a costa. Trabajando arduamente para subsistir en esta nueva y hostil tierra, los hakkas descubrieron otra vez que el lei cha era una parte ideal de su dieta frugal.
El té refleja la filosofía hakka al comer: Las comidas no son para hartarse o despertar las papilas gustativas, sino para obtener los nutrientes necesarios. Como el lei cha es rico en energía y proteínas, sirve como como suplemento alimenticio para las comidas regulares. El té originalmente venía en dos formas. Una de ellas era una sopa salada con cerdo frito y tallarines de frijol secos; y la otra es una sopa dulce similar a la que se sirve ahora en Peipu.
Muchos hakkas consideran el lei cha como parte de su dieta básica en vez de solamente una bebida. "Es la razón del por qué algunas personas consideran que el lei cha no es apto para calmar la sed", explica Peng. "Después de tomarlo, la gente siente incluso más sed".

El lei cha es algo indispensable cuando se reciben a huéspedes distinguidos en las casas de los hakkas. Cuando un anfitrión hakka invita a alguien a machacar su propio té, es señal de que éste es un verdadero amigo. Otro producto superior es el té Oolong Pai Hao, que es también conocido como té Belleza Oriental o té Pong Hong. Muchos lo consideran como el epítome de la cultura de la recolección de té de los hakkas.
Peipu es conocido en Taiwan como el hogar del mejor té Belleza Oriental en la isla. Aunque actualmente el costo del té blanco es por lo menos la mitad de lo que cuesta el mejor Oolong de altura, los cultivadores de té consideraban al principio que no valía la pena recoger esa pequeña hoja de té. Se dice que el Oolong Pai Hao característico de Peipu es un regalo de los insectos, que segregan enzimas en las hojas para interrumpir el proceso de la fotosíntesis.
El lei cha fue considerado como algo bizarro por la mayoría de las personas no hakka. Sin embargo, hoy en día es una bebida popular entre los diversos grupos étnicos de Taiwan. "Resulta gratificante ver que la tradición hakka florece ahora", dice Peng.
El dueño del negocio espera que los tés como el lei cha continúen promoviendo la cultura hakka hacia las personas no hakka de Taiwan y a los turistas, como en el caso de Goss. A través de ellos, explica, la gente de fuera puede venir acá para entender el trasfondo histórico y la filosofía de los hakkas. En el té, al igual que en la vida, el trabajo arduo y la preparación son a veces dolorosas y consumen mucho tiempo, pero son esenciales para el éxito y siempre remuneran finalmente.
"Los turistas en Peipu disfrutan el lei cha por su sabor y aroma, y por el simple placer de moler el té por sí mismos", indica Peng. El proceso de preparación del lei cha, nos explica, es similar a la experiencia de la vida del pueblo hakka en Taiwan, amargo al inicio, pero dulce al final.
Fuente: Traducido del Taipei Journal por Luis M. Chong C.
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La capital británica es una de las ciudades más visitadas y especialmente por nosotros, los europeos, que tenemos tarifas baratísimas y vamos a Londres tanto por placer como por trabajo. Los británicos son muy british y sus normas de educación son estrictas y no les gusta nada que las quebrantemos.
Ellos no tienen la buena costumbre española de echarse una siestecita (aunque apostamos lo que queráis que dando una vuelta por Hyde Park encontramos a más de uno haciendo una cabezadita: eso sí, muy erguido en el banco público).
Pero tienen la hora del té, más que una costumbre es el ritual nacional y, la verdad por delante, es un break a media tarde que sienta muy bien. Para que no se nos enfaden si no lo hacemos bien, os traemos algunos consejos de cómo tomar el té como ellos.
No vamos a hablar de cómo elaborarlo correctamente porque lo vamos a pedir en uno de esos emblemáticos y encantadores sitios que sirven el té a la hora crítica y que están repletos de pastas de té y galletas con mermelada. Si no habéis probado nunca esa combinación, os perdéis algo muy bueno. El croissant, con café con leche; las pastas, con té.

La cuestión es que no se echa la bolsita en la taza, nunca. Siempre hay que dejar infusionar las hierbas o la bolsita dentro de la tetera, sea grande o pequeña. Y luego ya la vertirás en la taza. Claro que entonces no puedes lucirte estrujándola con la cucharilla pero eso lo puedes hacer en un bar nacional, que queda muy bien.
El segundo detalle que tendremos en cuenta es no chupar la cucharilla ni beber de la taza con ella dentro. Para unos es muy obvio, para otros el descubrimiento del siglo.
Como tercera y última norma de etiqueta, os avisamos que si se te ocurre mojar cualquier pasta o galleta dentro del líquido en la taza, eres hombre muerto. Es algo que para ellos es una grandísima falta de educación, motivo de miradas asesinas reprobatorias. Imaginaos porqué no puede tener éxito una churrería londinense: no podrían mojar los churros en el chocolate. Una pena.
Fuente:mensencia.com
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Sólo hay 29 tea tasters certificados en el mundo. Guillaume Leleu, parisino de nacimiento, es el más joven y el menos purista de todos ellos.
“Como soy francés, soy muy pretencioso”, dice sin el menor asomo de empacho; le gusta llevar la contraria en todo lo que puede y eso se nota en su marca de té, nacida en Francia hace ocho años: The Ô Dor.
El primer aspecto que distingue la marca de Guillaume son los tés perfumados, pues para él su riqueza no está sólo en las variedades puras –verde, blanco, negro, azul–, sino en las mezclas que puede llegar a imaginar y en las historias de viajes que, como un enólogo con el vino, se cuentan a partir de los aromas que desprende una taza perfumada.
“Soy un embajador de culturas”, dice, y nos pone como ejemplo el Thé de Legume, infusión aromatizada con flores de verduras. Lo segundo que ha convertido a The Ô Dor en un sello pionero son los mates, pues es la primera marca en trabajar la “yerba” en versión perfumada.

Si hablamos de las diferentes variedades de tés que podemos encontrar en The Ô Dor, podemos destacar tres de ellas por su popularidad. En primer lugar, el denominado Historia Tibetana, combinación de té verde y té negro, mezclado con flores del Himalaya. Se utiliza en los monasterios para la meditación y se puede tomar en las primeras horas de la mañana.
Otra de las opciones que hay que tomar en cuenta es el Earl Grey Royal, el típico “5 o’clock tea” que acostumbran beber los ingleses a esa misma hora. Se trata de una variedad de té negro con una fuerte presencia de bergamota. Y, finalmente, el Oolong Milk, favorito de Guillaume, una rara variedad de té azul, semifermentado y con marcados olores a mantequilla.
Azúcar y leche, ¿se valen o no?
Desde luego, Guillaume bebe el té sin azúcar y sin leche. Pero explica que el té “es un placer, no un esfuerzo”, así que no existe ningún inconveniente en agregarle un toque de estos dos ingredientes al gusto. Una recomendación: si deseas endulzar tu infusión, lo mejor es agregar el azúcar antes de añadir el agua. El azúcar se disolverá mejor de esta manera.
Fuente: cnnexpansión.com
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El wagashi es un dulce tradicional japones que se sirve a menudo con el té, y que se elabora principalmente con mochi (pastel de arroz glutinoso), azuki (pasta endulzada de judías anko) y fruta.
Existen un número importante de variedades siendo los más importantes :
Yokan. Es una especie de gelatina elaborada a partir de pasta de azuki, (similar a la judia, de color rojizo con un porcentaje elevado de tiamina y vitamina B1),kanten o agar (es utilizado para dar la formas gelatinosa, proviene de las algas). Es dulce y puede conservarse durante un tiempo prudencial.

Higashi. Es una pasta muy seca a base de harina de trigo aunque puede ser de azuki. También pueden ser realizadas exclusivamente de wasanbon (finos granos procedentes de la caña de azúcar). Pueden ser conservadas durante bastante tiempo.
Namagashi. Esta pasta contiene diferentes tipos de jalea de fruta y azuki. La composición varia en función de la estación del año. Tiene un periodo de conservación muy corto.
Aunque en la actualidad están apareciendo nuevas variedades aprovechando los adelantos técnicos en el mundo alimentario como es el caso de los aditivos y añadiendo elementos importados de otras culturas.
Monaka. Se trata de 2 galletas hecha a partir de arroz dulce juntadas ambas con una mermelada de azuki.
Manju. Se elabora con harina (trigo o arroz), azuki y azúcar. Su forma de elaboración es hirviendo en primer lugar el azuki y el azúcar para posteriormente volverlo a hervir junto al resto de componentes. Suele tomar diferentes formas aunque la originaria es en bolas.
Fuente: teamania.es
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Ahora que llega el calor en la Tetería te ofrecemos infusiones para preparar refrescos naturales. También te encontrarás con nuevos tés y roiboos para llevarte a tu casa. Infusiones de frutas como el HIMALAYA (con manzana, pasas, bayas de Goji, almendras, rosa), VERANO NÓRDICO( con manzana, corinto, cerezas, vainilla), REY DE PERSIA ( con crocante, almendras, pasas).

También puedes llevarte Té Verde con KOMBUCHA, Té Verde de MIEL Y LIMÓN, una mezcla de Té Verde y Té Blanco llamado CUÍDATE que lleva aloe, algas, bayas de Goji. El Té Verde CHAMPÁN CON FRESAS( con manzanilla, romero y estrellas de azúcar). Un Té Negro llamado AMANTES, de olor dulzón y que trae pequeños corazones de azúcar.

Roiboos nuevos como el Roiboo de Tiramisu, el roiboo CASITA DE LA BRUJA( con pimienta rosa, pistacho, cilantro) y muchos más. Acércate a la Tetería y disfruta de estos nuevos sabores.
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“Aquel día, Haji Ali me enseñó la lección más importante de mi vida”, dice Mortenson. “Los americanos creemos que uno tiene que conseguir sus propósitos de forma inmediata. Somos el país de los almuerzos de trabajo de treinta minutos y de los entrenamientos de dos minutos. Nuestros líderes pensaron que su campaña de “terror” podría poner fin a la guerra de Irak antes de que empezara. Haji Ali me enseñó a compartir tres tazas de té, a ralentizar el ritmo y a tener la construcción de relaciones en tanta consideración como la construcción de proyectos. Me enseñó que tenía que aprender del pueblo con el que trabajaba más de lo que podía esperar enseñarles yo”.

En 1993, Greg Mortenson regresaba de un intento fallido de alcanzar la cumbre del K2. Exhausto y desorientado, acabó desviándose del camino de descenso y alejándose de su grupo, para vagar perdido por una de las zonas más desoladas del norte de Pakistán. Solo y sin comida, agua o una tienda en la que protegerse, se encontró de pronto en una pobre aldea pakistaní, donde le cuidaron hasta su recuperación. Mientras se recuperaba, vio como los ochenta y cuatro niños de la aldea, sentados a la intemperie, estudiaban sus lecciones escribiendo con un palo en el suelo embarrado. El pueblo era tan pobre que no podía permitirse el precio de un dólar diario que supone el salario de un profesor local. Antes de regresar a casa, Mortenson les prometió volver y construir una escuela.
De aquella promesa nació una de las campañas humanitarias más increíbles de la historia: la misión de un solo hombre de luchar contra el extremismo y el terrorismo construyendo escuelas, especialmente escuelas para niñas, en el país que vio nacer y alimenta a los talibanes.
Greg Mortenson y David Oliver Relin han escrito una maravillosa historia sobre increíbles logros en una zona del mundo donde los americanos son temidos y odiados. En su camino por lograr su objetivo, Mortenson ha sufrido un secuestro, cientos de amenazas de muerte, fatwas emitidas por mullahs enfurecidos y largas separaciones de su mujer y de sus hijos. Y a pesar de todo, los resultados obtenidos hablan por si solos.
Con más tres millones de ejemplares vendidos en Estados Unidos, y tras permanecer más de ciento quince semanas seguidas en la lista de los libros más vendidos del New York Times y 85 en el Publishers Weekly, Tres tazas de té es todo un fenómeno literario que se ha visto recompensado con un gran apoyo del público y de la crítica. Ha recibido entre otro el reconocimiento de la revista TIME como “Mejor Libro del año 2007 sobre Asia”.
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En La Tetería celebramos la PEQUEÑA FERIA DEL LIBRO DEL TÉ Y DE LAS INFUSIONES. Será del 30 de Abril al 10 de Mayo. Encontrarás multitud de títulos relacionados con nuestro pequeño mundo del Té. Pásate y echa un vistazo. Disfruta con un buen té y un buen libro. Te esperamos!!!

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El Cream Tea se toma en el jardín en las lángidas tardes del verano en el sur de Inglaterra; “Cream Teas in the garden” anuncian con carteles muchos establecimientos que son simplemente casas particulares donde una encantadora señora inglesa te atiende gustosa en su jardín y te ofrece sus mejores productos caseros y un poco de charleta, small talk que le llaman. En el inclemente invierno inglés, cuando el tiempo se vuelve miserable, lo mejor es disfrutarlo en una tea room, mirando al Atlántico. Todo el ritual que compone y rodea al cream tea es delicioso y exquisito, uno no puede impedir que expresiones como “Oh, dear” fluyan naturalmente mientras se demora en el éxtasis gastronómico. Para esto los ingleses, que son muy listos, inventaron el verbo to linger, que en su sentido positivo es demorarse, tardar en desaparecer. Basicamente se compone del sublime acompañamiento para una buena tetera; unos scones bien untados con clotted cream y mermelada de fresa (incluso con las fresas frescas que el verano británico regala). Los scones son como panecillos abizcochados de forma aplastada; la clotted cream es una nata concentrada de textura y sabor superlativos e inexplicables; el condado de Essex se encarga de la mermelada de fresa.

Esta es la forma clásica de tomarlo (hay quien invierte el orden de la crema y la mermelada). La clotted cream se concentra de manera suave hasta tener una consistencia casi sólida y una característica textura sedosa que es inolvidable. De manera natural se le forma una costra amarillenta. Gladstone, el cuatro veces primer ministro del Reino Unido, dijo que era “alimento de los dioses”.
Fuente: tequedasacenar.com
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En Afganistán los soldados norteamericanos han dejado de tomar café para tomar té. Es una forma de acercarse al pueblo de este pais para intentar su reconciliación. Eso sí mutismo total y alguna carcajada fueron la respuesta de varios militares de bajo rango a la pregunta: "¿Hay alguna cosa que os guste de Afganistán?". Al final, tras varios comentarios jocosos, uno suelta: "El pan que hacen aquí está muy bueno". Y otro añadió: "Y también el té".
Todos, no obstante, tienen claro que debían "respetar la cultura y las costumbres afganas". "Nos han dicho que no miremos a las mujeres", apunta uno como ejemplo. Asimismo hay oficiales que, aplicadamente, intentaban aprender dari y pashtu (las dos lenguas oficiales de Afganistán), apuntándose en un cuaderno palabras clave.

En el pueblo se ve a poca gente por la calle: tan sólo algunos niños y unos cuantos ancianos con barba y turbante, que dan la bienvenida a las tropas estadounidenses y afganas y, como es norma de hospitalidad en Afganistán, les invitan a tomar un té. Los militares norteamericanos, sin embargo, deben hacer antes su trabajo: retratan a cada uno de los ancianos, les toman fotos del iris de los ojos y las huellas dactilares. Después de eso, sí claro, hay tiempo para el té.

La bebida caliente la degustan al aire libre, al sol, y sentados en corro en el suelo. Los militares estadounidenses interrogan diplomáticamente a los ancianos sobre la presencia de los talibán en la zona. Para ello, se hacen servir de un traductor, de la misma manera que el comandante del ejército afgano. Al ser tayiko y del norte de Afganistán, Arif habla dari y tiene algunas dificultades para entender el pastún, la principal lengua en el sur del país.
Los ancianos le miran perplejos. Ante esos soldados afganos que hablan una lengua que ellos no entienden y esos militares norteamericanos con cara de niño, imberbes, que cubren sus ojos con gafas de sol y a menudo se sientan con las piernas abiertas –algo totalmente irrespetuoso en Afganistán-, tal vez los talibán no serán verdaderos musulmanes pero, sin duda, son más iguales a ellos.
Fuente: Mónica Bernabé (El Mundo)
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El gran maestro de Ceremonia del Té ,directamente de Japón para ofrecer una Ceremonia del Té especial en el HOTEL LA LUNA BLANCA
El trae sus propios utensilios, el polvo de té verde y los dulces son muy especiales ( las mejores especialidades de Japón).
Fecha y hora: 17 de Abril 19 :00,18 de Abril 19:00, 19 de Abril 14:30
Precio: 20 Euros por persona
Lugar: Hotel La Luna Blanca, Pasaje del Cerrillo 2 , Torremolinos 29620 Málaga
Reservas: Tel: 952053711 629882473

NAKAZAWA HITOSHI , a través de la Ceremonia del Té ofrece a la gente “ IYASHI” que quiere decir mente, espíritu, alma en paz.
Su tío, GENJIRO , es un actor de KABUKI, la tercera generación de KAWASAKI GENJIROy su tía, AZUMA TOKUHO, es bailarina del NIHONBUYOU, por lo tanto él creció en un ambiente de culturas y ceremonias tradicionales de Japón . En época de los samuráis, entre los generales hacían Ceremonia de Tè ,por costumbre, para “encontrarse con otras personas cara a cara y a la vez consigo mismo” . En esta época de guerra el futuro no estaba asegurado para nadie y al igual que hoy en día, donde el futuro no está nada claro, principalmente para los jóvenes, es por eso que el señor Nakazawa enseña , entre otros motivos, la Ceremonia del Té para transmitirle el sentimiento IYASHI en su interior.
El señor Nakazawa no solo trabajó como profesor de ceremonias sino que también en el año 2004 fundó una organización que se llama SAROAD, Cha(té) =SA y MICHI(camino), que enseña y da conferencias sobre el espíritu japonés y sobre temas relacionados con ellos. También planifica eventos sobre el espíritu japonés(WA=NAGOMI) , además empezó ha realizar cursos de ceremonias de té moderno y no solo en Japón sino que enseña en otros países apoyando activamente a las personas que se relacionen con estas culturas y enseñanzas.
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La ciudad japonesa de Uji es famosa por el cultivo del Té verde, además de ser un importante centro de distribución y producción. En una tienda de la ciudad, llamada Tsuen Tea, se sirve el te en la considerada tienda más antigua de Japón, y probablemente del mundo. Además, la ciudad es la escenografía del final de una novela clásica de literatura japonesa, la Novela de Genji (Genji Monogatari). No faltan visitantes amantes de la literatura que llegan a Uji desde todas partes del mundo.
Es un lugar tan famoso por su té verde, que desde hace un tiempo existe una edición de Kitkat de té verde de Uji. Como véis, en la caja pone 宇治抹茶 es decir ,Uji (宇治) que es el nombre del lugar y Matcha (抹茶) que se refiere al té verde típico japonés. Curioso, muy curioso.

En el siguiente video podemos ver como recogen y tratan el té en UJI.
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El silencio que se produce al paso de los tronos sobrecoge, a veces interrumpido por los aplausos de la gente que se congrega frente a la Tetería. Gente que lleva horas para tener su sitio, nadie se lo quiere perder y nosotros por supuesto, como testigos privilegiados que somos, tampoco.

El trono a las puertas de La Tetería
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La Tetería acudió a la presentación del libro de Antonia J. Corrales " EN UN RINCÓN DEL ALMA". En esta novela, carente de sinopsis, el lector encontrará una historia real y conmovedora. Una historia que, como apunta su creadora, debe ser leída como si la protagonista saliera del presidio de sus páginas, e irrumpiera en nuestra vida del mismo modo en que lo hace una persona que nos acaban de presentar, con la que intimaremos poco a poco, día tras día. En este caso, página tras página. Todo ello bajo la sombra de un paraguas rojo.

Antonia J. Corrales y Fran Vazquez de Editorial Aladena

Aitor y Carmen, de la Tetería, con Antonia, un encanto de mujer.

Antonia, la gente de Editorial Aladena y por supuesto la lata....disfrutaron de una tarde en La Tetería.

Y la lata se fué con Antonia para Madrid pero mejor dejemos que sea la propia Antonia quien comente esta nueva "relación":
"La lata viajera de la Teteria San Agustín de Málaga, en mi casa, en Madrid, ayudándome en la valoración de textos del certamen de narrativa breve Don Manuel Alonso, la pobre dijo: te echo una mano que si no veo que no me sacas de casa."
Antonia, te queremos!!!
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EL TÉ
La tarde, la ocasión. Las aspidistras
circundando la fuente,
acompañando,
creando un bosque insomne de hojas verdiagudas
que rebrillan las sombras en la humedad del patio.
Un surtidor, altivo y lúdico,
derrama los efluvios de luz que desde el cielo
filtra la claraboya donde el gris se diluye.
Suena en francés la música y el barman
nos sirve un té muy noble, aguado y en su punto.
sólo silencio y paz se percibe inconsciente
donde el aire acelera la tormenta anunciada.
Tú llegas presurosa
para decir amor con la sonrisa clara,
así, sin condiciones, levemente,
y ahí un latir de estrellas pavorosas y humildes
que juegan a comparsas.
Me aseguro que está la eternidad en los ojos,
tu cuerpo,
mi presencia y la noche.
Puede morir la tarde, ya no importa.
y entonces bebo el té diluido en sus oros
como si fuera el día del principio de entonces.
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Todos los amantes del té tenemos que darle las gracias al dios chino Shennong por haberlo descubierto. Según cuenta la leyenda, el té se creó después de que unas hojas divinas aterrizaran en el agua que el propio dios había colocado en plena ebullición.
Hoy en día, el té es la bebida más consumida después del agua, y se cultiva desde Asia hasta América del Sur. Hoy os invitamos a probar la espuma líquida del jade, como lo definió el filósofo taoísta Lao Tzu.
En las Montañas Centrales de Sri Lanka, la miel de color rojo se mezcla con los arándanos. Estamos en Ceilán, antigua colonia británica. Hoy en día, sus antiguas casas y hoteles aún traslucen su aroma inglés. Valles, arrozales, acantilados, cascadas y todo tipo de aves atraen a cualquier amante de la naturaleza.
Los turistas más nostálgicos y sosegados podrán jugar al golf o bien al polo. La epopeya de Ramayana viene a nosotros entre las estatuas del Templo de Sitay las rosas de los Jardines de Haggala. Tomar un té en Ceilán es algo más que divino.
Darjeeling, en la India, es famosa por su champán de tés. En esta ciudad fue donde comenzó su trabajo misionero la Madre Teresa de Calcuta. Esta es la tierra del rayo, el dios hindú del cielo, Indra, que se supone que cayó aquí por primera vez en la tierra.

Los turistas nos extasiamos con las magníficas puestas de sol de Tiger Hill, desde donde se pueden tener unas vistas increíbles del Everest. Desde el Observatorio se pueden apreciar las cumbres nevadas del Monte Kanchenjunga, el tercer pico más alto del mundo. Monasterios budistas e hindúes pueden verse por esta zona.
En el Monte Chiri, en Corea del Sur, las hojas del té mejoran incluso la vista y combaten el envejecimiento. Estas hojas se recogen en Chiri-San, un parque nacional donde hay una selva virgen, dormida entre nubes, templos budistas y preciosas azaleas. Se trata de una de las montañas más importantes de Corea, y los coreanos dicen que allí reside Dios.
En Taichung City, Taiwan, el té, más que una bebida, es una divertida mezcla de té, miel, leche condensada y bolas de tapioca. Se hizo popular en los años 80, y de ahí, famoso en todo el mundo. En esta ciudad, podemos bañarnos en sus aguas termales, contemplar los templos del siglo XIX, y disfrutar del Parque del Agua. Un deber turístico es la visita al Parque Zhongshan, símbolo local.
Por último, os llevamos hasta Fukuoka, en Japón, en donde se cree que el té sirve incluso para prevenir el cáncer. Allí las conocidas como hojas de Gyokuro son cultivadas entre los peces y las luciérnagas. Además de las luciérnagas, la ciudad es conocida por sus altares budistas hechos de bambú. No dejéis de disfrutar del Puente Colgante del Somanosato Keiryu Park.
Fuente: rumbocero.com
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En 1986 nos llegó esta película francesa producida por Costa-Gavras, pero de raíz y raigambre cien por cien argelina. Su realizador, Mehdi Charef, se lanza al arte de la pantalla para trasladar a ella su propia novela, escrita en 1982. El profesor de geometría hace pasar al chico al pizarrón. Le dicta: “el teorema de Arquímedes” (le theorème d’Archimède); el chico escribe “Le thé au harem d’Archie Ahmed”. Las carcajadas de los compañeros rebotan contra las paredes de la clase.
El té del harén de Arquímedes (Le thé au harem d'Archimede, juego de palabras con Le théorème d'Archimede empleado por sus protagonistas) nos relata en tono naturalista y con humor irónico, el duro vivir diario de los argelinos emigrados a Francia, condenados al desarraigo, al paro y a la droga en grado extremo, huyendo Charef del exceso melodramático; en éste sentido, su película entronca con la libertad expresiva que un cuarto de siglo antes significara la nouvelle vague, y probablemente no sea casual que nuestro protagonista, al igual que el de Los cuatrocientos golpes de Truffaut, consiga al fin alcanzar el mar, signo supremo de una liberación.
Es un filme bien narrado e interpretado por sus desconocidos actores y, sobre todo, es un filme sincero y emotivo. Y lamentablemente muy difícil de encontrar para su visionado.
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Con la llegada de los turistas y los Juegos Olímpicos la picaresca china se agudiza en numerosas ciudades. Íbamos el otro día caminando por la calle, cuando se nos acercaron tres chinos y nos preguntaron de dónde éramos y qué hacíamos aquí. Eran los primeros chinos que hablaban inglés que encontrábamos desde que empezamos a viajar hace un mes. Eran unos médicos de Xian que estaban en Shangai en un congreso. Después de un rato hablando, llegamos al punto en el que nos teníamos que despedir, pero nos invitaron a acompañarles a una zona de callejones antiguos que no conocíamos y que estaba cerca. Nos pareció buena idea y aceptamos la invitación.
Al llegar allí y dar una vuelta, uno de ellos nos propuso ir a tomar un té y descansar del frío. Casualmente estábamos delante de una casa de té donde una chica en la puerta nos invitó a pasar. Nos preguntaron si nos parecía bien el sitio y asentimos. Entramos en una preciosa sala de té, decorada al más puro estilo tradicional. Los botes transparentes albergaban hierbas y flores y los vasitos de cerámica estaban perfectamente alineados cerca de las teteras. Parecía la mesa de un alquimista. Mientras charlábamos, ella preparaba las mezclas contándonos las propiedades curativas de cada una de las hierbas: jazmín, té verde, té de flores... cada uno tenía un olor, un sabor, un color, una preparación especial. Era un espectáculo fascinante.

Acabamos probando 8 tipos diferentes de té. Poco después llegó la cuenta y con ella una sensación muy extraña. La factura estaba en chino, los médicos empezaron a sacar billetes y a decir que "las degustaciones de té son algo muy caro y que lo mejor es repartirse la cuenta". No entendíamos nada y sobre todo no entendíamos cuánto teníamos que pagar. Al final, uno de ellos se animó a decirnos que tranquilos, que sólo teníamos que pagar 800 yuans (80 euros, 10 veces más de lo que pagamos por una habitación doble en un hotel).
Todo pasó muy rápido y no entendíamos cómo podía ser tan caro, pero al mismo tiempo no queríamos quedar mal y menos insultarles. Les dijimos que no teníamos suficiente dinero y nos informaron de que se podía pagar con dólares o tarjeta de crédito. Les repetimos que no teníamos dinero y sacamos los escasos 70 yuans que teníamos en el bolsillo.
Ellos estaban nerviosos y acabaron aceptándolo repitiendo que no nos preocupáramos y que ahora éramos amigos, así que que "una vez pagan unos y otras otros". Salimos ansiosos e incómodos. Bastó recorrer unos metros juntos para que se despidieran con una excusa. Sin duda había sido un timo.
Y entonces voltereta mortal a lo 'Nueve Reinas', sorpresas de viajar con un argentino. Mientras yo estaba en el baño, Ricardo trató de ir a buscar la tetería, pero era imposible. Un edificio más en una calle gris. Pero en el camino se encontró con nuestros timadores de guante en blanco que debían tener poca experiencia y volvían a por su botín. Les siguió y se les plantó delante: "Señores vengo a felicitarles. Muy bueno el truquito. Pero devuélvanme los 70 yuans. Bueno, denme 50 porque el timo ha estado bien. Mi novia esta con la policía. Yo no quiero problemas y supongo que ustedes tampoco."
Y así recuperamos los yuans y experimentamos uno de los timos más comunes en la china preolímpica. Hay varias versiones: estudiantes que quieren practicar el inglés y te llevan a un restaurante para no pagar la cuenta o atractivas chicas que quieren tomar unos tragos. Y visto lo tranquilos que son los timos chinos, concluimos recordando que el miedo a no salir de casa es mucho más perjudicial que cualquier estafa.
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Allá por 1885, un contingente de cincuenta familias galesas llegadas desde la región costera de la provincia de Chubut,en la Patagonia argentina ocuparon uno de los valles más pintorescos y fértiles de la zona cordillerana, y continuaron así con uno de sus objetivos propuestos al abandonar su Gales natal en 1865: preservar sus tradiciones, su idioma y su religión.
El principal atractivo de esta pintoresca zona son sus casas de té. Miles de visitantes llegan cada año, solamente para meterse por un día en las costumbres galesas y degustar a fondo todas las exquisiteces que ofrecen estos baluartes de la tradición europea. Allí el turista puede tomarse su tiempo, mientras paladea el té, prueba la clásica torta negra, panes y scons todos de manufactura casera, y degusta deliciosos dulces elaborados con frutos y hierbas de la región. También puede disfrutar de la decoración delicada y típica de estas casas.

Sólo la solidaridad y buenas relaciones entabladas los las tribus tehuelches que poblaban la región permitieron sobrevivir a aquél núcleo de pioneros. Pero aún en los peores momentos, siempre hubo una taza de té y un trozo de pan casero. De hecho, las primeras palabras que los tehuelches aprendieron fuera de su idioma (y mucho antes que les fuera impuesto el castellano), fueron "te" y "bara" ("pan" en galés).
A falta de una justicia instituida oficialmente, los galeses tenían en sus pastorees y ancianos de la comunidad severos árbitros, y en su capacidad y costumbre de debate un acendrado ejercicio de la participación comunitaria en los temas de interés. Concluido el oficio, religioso, las familias se reunían en el salón contiguo a la capilla, denominado "vestry". Allí compartían las tortas, panes, tartas y dulces caseros elaborados por cada una y bebían el té mientras intercambiaban las últimas novedades en materias de nacimientos, fallecimientos, noviazgos y bodas.
De aquellos momentos, las actuales generaciones de galeses en Chubut heredaron las mejores tradiciones: el té, que complementado con exquisitas tartas, se ofrece hoy como un atractivo más para el visitante, y la ya tradicional torta negra que merece también un capítulo aparte.

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El documental sobre el proceso de fabricación de té se centra en los fabricantes de té del Reino Unido, Taylors of Harrogate es una empresa que se dedica al mundo del té desde hace más de 100 años, lo que muestra la larga experiencia en el proceso de elaboración. Esta empresa comercializaba hace un par de años 1.200.000 bolsitas de té al año y el reto es siempre ofrecer a sus clientes siempre la misma calidad, el mismo aroma y el mismo sabor como el mejor modo para mantener la confianza y la fidelidad de cada consumidor.
Cada partida de té que se recibe de los lugares donde se cultivan, las laderas de Malasia, China, Kenia, Australia, La India, etc., puede presentar diferentes matices con respecto a partidas anteriores, el clima, el terreno, el secado de las hojas… son muchas las variables que provocan cambios que pueden alterar el sabor del producto final. Por ello, cuando se reciben las nuevas partidas de materia prima, se procede a definir los matices ofrecidos por cada variedad y a realizar las combinaciones más adecuadas que ofrecerán el sabor deseado y constante del té a lo largo del año. (Fuente: gastronomiaycia.com)
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Nueva York, 1949. Después de la II Guerra Mundial, las mujeres chinas, que hasta ese momento no podían emigrar a los EE.UU., ya pueden entrar en el país. Ben Loy, americano de nacimiento, viaja hasta China para casarse con Mei Oi. Cuando regresa a Nueva York con su nueva esposa, tendrá que afrontar muchas presiones por parte de sus familiares, y eso hará peligrar su matrimonio.
Una historia más divertida sobre el papel que sobre la pantalla. Wayne Wang hace en realidad dos películas y la conexión entre ambas es demasiado débil: los protagonistas no tienen mucho papel, Wang los toma como pretexto para hacer una valiosa reconstrucción de la vida en Chinatown. Se esmera tanto en la descripción del escenario como en la exposición de una cultura y de un fenómeno extraños y difícilmente comprensibles para los espectadores occidentales.
Los personajes secundarios tienen más peso que los héroes, lo cual es lógico tratándose de una sociedad patriarcal, pero no son más graciosos y lo que se nos propone como una comedia no lo es tanto. Apenas un par de situaciones verdaderamente cómicas, y realizadas con gran pudor, demuestran la voluntad de Wang de tratar con desenfado su crítica a una de las formas más escandalosas del racismo: la que instauró por imperativo legal el Estado norteamericano impidiendo la perpetuación de la minoría china en el país. En cualquier caso, Cómete una taza de té es una comedia no sólo exótica por sus personajes, sino también por su concepción y estilo.
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Las plantaciones de té se han convertido en uno de los mayores reclamos turísticos de Sri Lanka. En la de Handunugoda se cultiva el más puro del mundo: aquí han revivido una antigua tradición china de los siglos V y VI en la que el té es cultivado por mujeres vírgenes y evitan a toda costa que la planta entre en contacto con parte alguna del cuerpo humano.
Una historia que parece sacada de un cuento infantil, por la que sólo las manos enguantadas de una doncella virgen podían cortar el té de los emperadores, perdura hoy en unos de los confines más bellos de Asia. Hablamos de la plantación de té Handunugoda en Sri Lanka, donde se ha revivido una antigua tradición china de los siglos V y VI D.C.
Se dice que la refinada corte china contaba entre sus manjares más preciados un té que sólo tocaban los labios del emperador gracias a un estricto proceso de cultivo y recogida. El té debía ser cultivado por mujeres vírgenes, que cortaban las hojas con tijeras de oro y las dejaban caer en un cuenco dorado, ofreciéndolo después como tributo al emperador y evitando en el proceso cualquier contacto con parte alguna de la anatomía humana.

Estudios de laboratorio realizados por la prestigiosa empresa suiza SGS ponen de manifiesto las altas propiedades anti-oxidantes de la planta, carente de insecticidas o pesticidas y con un contenido en cafeína muy bajo. El precio, digno de tal prestigio, está alrededor de los 520 euros el kilo (o a casi un euro por taza si se compran cantidades más pequeñas), muy por encima del precio de un té normal y que lo hacen acreedor del título de té más caro del mundo. Su producción, limitada a 48 kilos al año, convierte a este té en un lujo sólo al alcance de los emperadores del mundo moderno. Fuente: www.ocholeguas.com
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FEARLESS (2006). China durante la primera década del siglo XX. El país sufre de corrupción y de la invasión extranjera. Basada en una historia real cuenta la historia de Huo Yuanjia (Jet Li), el legendario maestro de artes marciales. Profundamente humillado por la muerte de su padre en un duelo público, el joven Huo decide convertirse en el mejor luchador posible. Pero muy pronto pierde a dos de sus seres más queridos por culpa de sus increíbles habilidades cuando matan a su familia por venganza. Loco de dolor y de vergüenza, Huo Yuanjia huye sin importarle la muerte ni la vida. Ya ha perdido la esperanza cuando aparece en su vida la Abuela Sun (Sol) y su nieta ciega. Las dos mujeres aceptan que viva con ellas en un pueblo idílico. Guiado por su bondad y generosidad, Huo Yuanjia encontrará un nuevo camino y una razón por la que seguir luchando.
En esta escena vemos como filosofan alrededor de una taza de té:
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El movimiento que en Estados Unidos se opone a la política tradicional de Washington, el llamado Tea Party, celebra a partir de este jueves su primera convención nacional.En la reunión, que tuvo lugar en Nashville (Tenessee), Sarah Palin -la ex candidata a la vicepresidencia del Partido Republicano- promete convertirse en la protagonista.El Tea Party es una fuerza ciudadana que rechaza un Estado sobredimensionado, el déficit del gasto público y el aumento de los impuestos.Si bien no tiene una lista de miembros ni una organización centralizada, es muy activo en todo el país.
Pero, ¿qué es, o son los Tea Party? El nombre se ha tomado prestado de uno de los acontecimientos que desencadenó la revolución americana. En 1773 tuvo lugar en Boston el denominado Motín del té (Boston Tea Party, en inglés), en el que los colonos, en un acto de protesta contra la metrópoli británica y sus sangrantes impuestos, lanzaron al mar un cargamento de té (Londres gravaba la importación de éste y otros productos). Samuel Adams, uno de los padres de la independencia de EE UU, fue uno de los inspiradores del motín. Hoy, además de ser el nombre de una popular cerveza de Boston, los pasillos del centro de Convenciones del Hotel Gaylord Opryland (se supone que el mayor hotel de EE UU fuera de Las Vegas), cuentan con miembros del movimiento Tea Party disfrazados de Adams llamando a "la revolución".
En el siglo XXI, el Tea Party es un movimiento de base que aglutina a hombres blancos de clase media en estado de pánico y golpeados por la crisis económica y la llegada de un negro a la Casa Blanca, al que lo mismo consideran un marxista, que un nazi o un racista contra los blancos.
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En Estados Unidos existe una beca llamada Calm-A- Sutra orientada hacia el conocimiento del té y dirigida a escolares . Para acceder a esta beca de $15,000 no se necesita ni tener la nota más alta, ni escribir un ensayo elaborado.Lo único que necesitas es mandar un video de 1 a 2 minutos en el que se aparezca tomando té de una manera diferente y original, interesante y única, explicando las ventajas de tomar té. Además de mostrar una manera divertida e inusual de tomar té (ya sea frío o caliente), se tiene que mencionar las ventajas de tomarlo en sus diferentes presentaciones (negro, verde, blanco o oolong), y sus respectivas propiedades. Este es el último video ganador:
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Arnold Lobel está considerado como uno de los maestros de la literatura infantil. Aquí os dejamos su cuento TÉ DE LÁGRIMAS de su libro EL BÚHO EN SU CASA :
Búho sacó una tetera del armario.
- Esta noche haré té de lágrimas - dijo -.
Puso la tetera en sus piernas.
- Ahora - dijo -, comenzaré.
Se quedó muy quieto en su silla y se puso a pensar en cosas tristes.
- Sillas con las patas rotas - dijo Búho -.
Los ojos se le llenaron de lágrimas.
- Canciones que no se pueden cantar - dijo Búho -, porque las letras han sido olvidadas.
Búho comenzó a llorar. Una gran lágrima rodó por su mejilla y cayó en la tetera.
- Cucharas que han caído detrás de la estufa y nunca más serán encontradas - dijo Búho -.
Más lágrimas cayeron en la tetera.
- Libros que nunca más podrán ser leídos - dijo Búho -, porque algunas páginas les han sido arrancadas.
- Relojes que se han detenido - dijo Búho -, y no hay nadie cerca para darles cuerda.
Búho estaba llorando. Grandes lagrimones caían dentro de la tetera.
- Amaneceres que nadie vio porque todo el mundo estaba durmiendo - dijo Búho sollozando -.
- Puré de papas abandonado en un plato porque nadie quiso comérselo - dijo llorando -. Y lápices que son demasiado cortos para escribir con ellos.
Búho pensó en muchas otras cosas tristes.
Lloró y lloró.
Pronto, la tetera estuvo llena de lágrimas.
- Bueno - dijo Búho -, ¡ya estamos listos! Búho paró de llorar. Puso a hervir la tetera sobre la estufa para hacer té.
Búho se sintió contento mientras llenaba su taza.
- Esta un poco salado - dijo -, pero el té de lágrimas siempre cae muy bien.

Búho en Casa contiene cinco relatos cortos. El invitado es el invierno, al que Búho deja pasar pero no se porta nada bien. Estando acostado Búho ve aparecer unos Bultos extraños al pie de la cama que le asustan y le llevan a dormir en el sillón. El Té de lágrimas se lo prepara Búho provocándose lloros al pensar en cosas tristes. Arriba y abajo trata de la dificultad que tiene para estar a la vez en los dos pisos de su casa. Búho y la Luna cuenta cómo Búho le dice a la Luna que no hace falta que le acompañe a casa, pero la Luna sin embargo lo hace...
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En estos versos censura a las muchas personas que estiman en más las cosas extranjeras que las de su propio país, y que las alaban y aprecian no porque tales cosas sean realmente mejores, sino por el mero hecho de proceder de otras tierras. Las fábulas de Iriarte son un tratado de preceptiva literaria, donde expone, de manera sencilla y amena, los defectos más corrientes de su época:
El té, viniendo del imperio chino,
se encontró con la salvia en el camino.
Ella le dijo: «Adónde vas, compadre?»
«A Europa voy, comadre,
donde sé que me compran a buen precio.»
«Yo», respondió la salvia, «voy a China,
que allá con sumo aprecio
me reciben por gusto y medicina.
En Europa me tratan de salvaje,
y jamás he podido hacer fortuna.
Anda con Dios. No perderás el viaje,
pues no hay nación alguna
que a todo lo extranjero
no dé con gusto aplausos y dinero».
La salvia me perdone,
que al comercio su máxima se opone.
Si hablase del comercio literario,
yo no defendería lo contrario,
porque en él para algunos es un vicio
lo que es en general un beneficio;
y español que tal vez recitaría
quinientos versos de Boileau y el Tasso,
puede ser que no sepa todavía
en qué lenguas los hizo Garcilaso.
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Estuvimos en Libreria Luces en la firma del libro de David Garcia- Intriago LOS MONOLOGOS DE ANDA LEVANTA.Un libro con el que uno no puede pararse de reir. Por que como bien indica su nombre, está compuesto por 6o monólogos que se han emitido en el programa de Canal Fiesta Radio “Anda Levanta”. Además, en el libro se incluye un CD en el que se podrá escuchar una intensa hora de monólogos, además de las risas del Bokerón García y de Manuel Triviño (presentador de Anda Levanta).

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GREEN TEA( Te Verde) de Zhang Yuan es una película china de 2003 en la que su protagonista Wu Fang, una estudiante de postgrado inteligente y un verdadero ratón de biblioteca, se embarca en una serie de citas a ciegas. Siempre que conoce a un hombre por primera vez, consulta los posos del té. Como le dice su amiga Lang, en una taza de té puedes ver la vida sentimental de una persona. Una de las citas a ciegas de Wu Fang, Chen Minglian, considera que este ritual es una estupidez. A pesar de que su primer encuentro resulta descorazonador, en citas sucesivas la pareja irá descubriendo puntos comunes. Entretanto Chen descubre a la sensual Lang Lang, una pianista que trabaja en un salón-bar y que guarda un enorme parecido con Wu Fang.
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Porque sois vosotros,amigos, lo que cada día nos demostrais que no estábamos equivocados y que vamos por el buen camino, los que nos animais a seguir y los que con un gracias y una sonrisa haceis de la Teteria el sitio de encuentro de todos. Gracias, gracias y más gracias.

Detrás de las mejores mezclas de tés hay mucho más que una nariz privilegiada. A este raro don, la argentina Inés Berton que ha preparado mezclas para los más diversos degustadores, le suma verdera dedicación a su oficio. A diez mil metros del piso, inmersa en la dulce luz de un crepúsculo perfecto, en medio de un vuelo plácido sin turbulencias, Inés Berton se retuerce: la pasa mal. Con el corazón acelerado y la frente perlada de sudor, aprieta un pañuelo de seda que la acompaña a todas partes y que forma parte de un pequeño séquito de supersticiones, su única defensa contra una muerte segura cuando el avión —aunque ahora nada lo indique— decida caer en picada y estrellarse contra la Tierra. Un dedo frío como la muerte le tuerce la columna. La voz cálida de un sobrecargo le ofrece una bebida, pero Inés —como siempre, como cada una de las veces en las que viaja en avión— no dice ni sí ni no: no puede respirar. “Si tomo una pastilla para dormir la paso bárbaro, pero si voy despierta sufro mucho”, confiesa. Inés Berton —tea searcher, sumiller de té, una de las doce narices del mundo capaces de distinguir cinco mil “notas” distintas y reconocer una cosecha con el sólo rastro de su aroma— vive más de la mitad del año fuera de Argentina, y buena parte de ese tiempo lo pasa en un avión. Y, aunque parece una paradoja ideada por algún demiurgo cínico, es altamente fóbica a los aviones. —Siempre viajé mucho, desde chica —dice sentada en la alfombra de tealosophy, la tienda de la elegantísima galería Promenade, en la Recoleta porteña, donde vende sus tés de marca propia—, pero un día viajé entre Buenos Aires y Nueva York con un amigo que tenía pánico al avión, y me contagió. Desde entonces, estuve a punto de perder mi trabajo varias veces. Llegaba al JFK porque tenía que ir a Londres y de ahí a la India a comprar cosechas de tés, pero en lugar de hacerlo me regresaba a casa. En la tienda hay latas de té, aromas diversos —clavo de olor, canela, manzanilla, jengibre, pimienta, maderas, humos, toronjas, naranjas, mandarinas—, muebles orientales, coladeras, cucharitas, teteras, cuencos. Cuando vuela, dice, sufre mucho. Pero excepto por esa breve pesadilla ella es feliz. Tanto como las princesas en los cuentos de hadas. Nacida en Buenos Aires en 1972, hija de una familia tradicional, fue a un buen colegio, aprendió idiomas y tuvo un solo anhelo: obstruirse las fosas nasales para no oler todo tanto, todo el tiempo. —Mi nariz era una tortura. Todos los olores me descomponían. De chica me quería operar. Era una pesadilla. No le gustaba oler, pero le gustaba pintar. Después de terminar el colegio, con la vocación extraviada, marchó a París, donde vivió un año sola, volvió a Buenos Aires, estuvo un tiempo y se fue a Nueva York. —Yo tenía 21 años. Pensaba quedarme una semana visitando a una amiga, pero me quedé siete años. Me gusta vivir en distintos lugares, sentir que el mundo es mi casa. En Nueva York empecé a trabajar en el museo Guggenheim del SoHo. En el subsuelo había una casa de té, The T. Emporium. Yo iba a tomar té, y me preparaba mis propias mezclas. Después los clientes decían: “Quiero lo mismo que ella”. Al fin Miriam Novell, la dueña, me ofreció trabajar ahí por dos y medio dólares la hora. En la trastienda de esa casa fue donde Inés encontró la vocación. Su nariz floreció al golpear con el aroma de las mejores cosechas del mundo: capullos de exquisito té blanco, chais de la India —preparados con clavo, jengibre, algo de pimienta y otras especias—, carísimos tés Oolong de la región de Fujian. Su nariz —desmesurada— ahora era un tesoro. —Un día Fumiko, una mujer japonesa que era como la reina del T. Emporium, que no me prestaba la menor atención porque yo era su empleada, me dijo: “A ver, haz un té”. Preparé uno con una hebra de un té verde que se llama Gunpowder Imperial, una base de té negro, rosas, lavanda y vainilla. Ese té terminó siendo uno de los mejores del mundo, porque lleva el único té verde que tiene el mismo tiempo de infusión que el té negro. El té verde infusiona en mucho menos tiempo que el negro, y yo encontré esta excepción a la regla. Es fantástico el resultado, porque te da el aroma del césped que tiene el té verde con la tierra del té negro. Y cuando Fumiko vio lo que había hecho me dijo: “Inés, te voy a enseñar”. Lo primero que me dijo fue: “Vamos a probar un matcha, sale en 70 dólares las dos onzas”. Es el té con el que se hace la ceremonia del té. Yo dije: “¡Buenísimo!”. Lo preparó… y lo escupí. Era espeso, amargo, una pesadilla. Lo hizo a propósito. Me quiso decir que no todo tiene que gustarte, que la euforia del principio tiene que bajar. Después empecé a ir al puerto de Nueva York a recibir las cosechas que llegaban en los barcos. Y con la gente de los barcos aprendí que el mundo del té es noble, de palabra. El té no es simplemente el té. Mi marca, tealosophy, es una filosofía de vida. De niña argentina con el olfato correcto en el lugar equivocado, Inés pasó a ser un ave extraña y exquisita: la única nariz de té femenina del mundo, entre otros once varones. Las narices se dedican a oler —al servicio de industrias como la perfumería y el té— y crear aromas que aún no existen a cientos de dólares la onza. Inés diseñó mezclas para el hotel Waldorf Astoria, la diseñadora Carolina Herrera, la firma Bulgari, el hotel Delano de Miami, la actriz Uma Thurman, los reyes de España y hasta el Dalai Lama.
Este último le inspiró una mezcla de hojas de té blanco con jazmín que se abrían al primer golpe de agua caliente. Aprendió a amanecer en Nueva York y cenar en los jardines protegidos del sur de Shangai, a seguir la trayectoria de tifones y cambios climáticos para saber dónde estará el mejor Darjeeling de ese año, o el mejor Castleton Vintage o el más perfecto Margaret’s Hope, y viajar ahí y comprarlo. —Yo uso un té blanco que viene de jardines custodiados del sur de Shangai, y se llama Aguja de Plata. El año pasado había cinco kilos de ese té en todo el mundo y logré quedarme con tres. Las familias que lo cosechan no te lo dan si podés pagar el precio, te lo dan porque ven que respetás su cultura, que esto no es un negocio. En 2002 Inés Berton dejó su empleo en The T. Emporium, volvió a Buenos Aires y empezó a trabajar en tealosophy, su propia marca. Hoy sus infusiones se consiguen en los mejores hoteles y restaurantes del país, tiene desde hace poco su propio local en la galería Promenade, junto al lujoso hotel Alvear de Buenos Aires, y acaba de lanzar, por el sello Warner, un disco de canciones para las que hizo una sommellerie de tés: para cada tema propuso un mezcla. El disco se llama tealosophy by Inés Berton, y fue un éxito de ventas en España durante el pasado invierno europeo. —Para el segundo tema, “Sweet Revenge”, propuse un té verde enrollado a mano, lavandas de St. Rémy de Provence, rosas y vainilla de Madagascar. Ese tema es muy parisino, y a mí lo que más me gusta cuando llego a París es ir a Place des Voges, dar una vuelta y meterme a comer en un lugarcito que se llama Ma Bougogne. No es elegante ni fino, pero me encanta entrar ahí, comer algo calentito en mesas compartidas. Este disco es como un sueño, porque es viajar con el té, y yo veo que la gente acá en la tienda abre una caja de té y viaja: están en un bosque húmedo de la Patagonia o en las calles de la India. En el tema ocho, “I Will Try”, Inés propone un “tea for my lover, tea for my Ro”: un Hojicha de Japón, una cosecha limitadísima para Rodrigo Tosso, su love y su lover, el chef joven y talentoso con el que se casó el año pasado, un día de lluvia torrencial en medio del campo, y bajo paraguas burlones que decían “No rain, no rainbows”, sin lluvia no hay arco iris. —Con Rodrigo nos hicimos grandes coleccionistas de hueveras. En inglés se llaman egg cup, y en italiano portauovo. Son esos cositos para comer los huevos poché. Tenemos como 250. En Francia estábamos en St. Rémy en Provence, y nos dijeron que en un pueblito de la zona había muchos anticuarios. Y allá fuimos, baguette y queso en el auto, y nos compramos un montón de hueveras, pero nos desviamos como 500 kilómetros. El año pasado yo había ido a París a diseñar una mezcla para Luc Besson, el director de cine. Era año nuevo y no había un solo restaurante. Conseguimos un último lugar en un restaurante de los hermanos Costes, y cuando me levanté para ir al baño vi en un lugar cerrado, donde se vendían cosas del restaurante, una huevera chiquitita que tenía un gorro de visón para ponerle al huevo, diseñada por Phillipe Starck. Le dije a Rodrigo: “No nos podemos ir sin la huevera”. Fue a hablar con el encargado y le dijo una cantidad de mentiras: “Mire, nos casamos ayer”. Nos abrieron el lugar, compramos la huevera, y el precio era… imposible. Salía como tres cenas. Pagamos y no nos quedó ni medio euro. Nos regresamos caminando bordeando el Sena, muertos de frío, pero con la huevera. Cuando viajo no tengo ningún control de lo que gasto y lo que compro. Con los objetos nunca pienso en las consecuencias, nunca pienso que lo voy a tener que traer por avión. Soy capaz de comprarme una mesa. Hace poco, desde Nueva York, mandé diez cajas con teteras de hierro fundido por correo normal. Y llegaron todas. —¿Viajas con tu propia tetera? —Claro. Envuelta con terciopelo, un poquito de té, y una piedra o un Buda. No puedo viajar sin eso. Y sin otra cantidad de cosas. Si olvido algo de todo eso, no me subo a un avión. Como el pañuelo de seda que era de mi mamá, que es el mismo que me ponía cuando tenía 6 años y me dolía la garganta y tenía un olor que a mí me tranquilizaba. Un amigo mexicano, un fotógrafo de modas que vive en Tulum, Enrique Badulescu, me regaló una virgen hace años, y siempre la llevo. Salvo eso, no tengo ninguna maña de viaje. No me gustan los hoteles cinco estrellas, prefiero alquilar un departamento para que Rodrigo me pueda malcriar y cocinarme. Cuando estás casada con un cocinero, haces viajes gastronómicos. En Siena, en la región del Gallo Nero, nos encanta ir a comer aceites de oliva y buenos vinos y aceitunas. En Nueva York vamos a comer thai al East Village. A mí me encanta volver a los lugares en los que ya he estado, quedarme y conocer el lugar, que me conozca el vecino. Salir y saludar. Quizá por eso, porque necesita sentirse como en casa, lo primero que hace cuando aterriza en Francia, en Japón o en Nueva York, es pedir unas rebanadas de pan tostado. —El olor de las tostadas es el olor de la infancia. Me tranquiliza. La paso tan mal en el vuelo que cuando llego a un hotel o a una carpa necesito ese olor tranquilizador. En medio del vértigo del mundo, el olor de las tostadas de pan es todo lo que necesita para dejar de temer. El olor de las tostadas: ese abrazo.
FUENTE:www.revistatravesias.com
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El té no se toma sólo, sino suele acompañarse con todo tipo de dulces, pastas, tartas, pasteles, bombones, mermeladas. Si uno está invitado a "Chaepítie", es costumbre traer algo para acompañar el banquete. En general, los rusos son muy golosos (muchísimo más que por ejemplo, los españoles) y comen muchos dulces, pastelería, tartas, chocolate. CHINA Los chinos toman té desde hace más de 4 mil años. El té es una de las infusiones indispensables en la vida cotidiana de los chinos. Cuando vienen los visitantes, los chinos suelen ofrecerles el té. Mientras toman té mientras charlan. La atmósfera se muestra ligera y agradable. Según el libro "El Te Chino", se pueden diferenciar cuatro grandes etapas en el consumo de té.En la primera era utilizado como medicamento y como ofrenda.En la segunda, era tomado como alimento.En la tercera, que apareció durante el periodo de Los Tres Reinos (220-280) se comenzó a preparar desmenuzado en agua hirviendo.En la cuarta etapa, que arranca en la dinastía Tang (618-907) se preparaba ya en infusión. En cambio en "El Libro del amante del Te" se distinguen tres etapas, comenzando la primera durante la dinastía Tang, en que se consume en forma de bolita, pastel o pastilla. La segunda, en la dinastía Song (960-1279) se consume en forma de polvo verde que se convierte en espuma al batirlo -lo que daría origen en Japón a su famosa ceremonia-.

En la dinastía Ming (1368-1644) se tomaba el té en infusión, correspondiendo a la tercera etapa. Cada zona tiene su peculiaridad, pero en general, cuando se toma te en China como bebida habitual, no para saborearlo, emplean recipientes de cristal, ya que de esa manera se puede ver el contenido.También emplean tazas de porcelana o incluso de metal, con tapadera. Las costumbres de tomar el té varian mucho de un lugar a otro de China. Aunque la costumbre de regalar te está extendida en todo el país. LA INDIA La India es el mayor productor mundial del té, por eso mismo no sorprendente que también sea el país donde esa bebida es la más tradicional de todas. Allí, consumir té es tan común como beber un vaso de agua y es el agasajo ideal para servir a los invitados. La India es el mayor productor de té que existe sobre la faz de la tierra. Pero allí también esa bebida es la más tradicional de todas. Ya sea para desayunar, para beber por las tardes o en cualquier otro momento del día, el té se impone como la bebida por excelencia del pueblo indio. Ya sea bebido con leche o con azúcar, el té más consumido por la población de la India es el té negro. Incluso las personas la ofrecen a los invitados en lugar de servir bebidas alcohólicas, confirmando así la intensa afición que tienen por esta bebida en ese país. Las tres regiones que se destacan por ser las mayores productoras de té en la India son Darjeeling, Assam y Nilgiris. El primero de ellos, por su delicadeza, es considerado el champán de los tés, el de Assam se caracteriza por su sabor fuerte y su coloración oscura mientras que el de Nilgiris se destaca por su sabor aromático. Actualmente, Assam es la región que más té produce dentro de la India, abasteciendo a tradicionales marcas como Tetley o Lipton Ice Tea. AFRICA El té fue introducido en los Jardines Botánicos de Entebbe, Uganda, en 1900. Fue una etapa experimental de desarrollo y demostró tener éxito.

Un tal Mr. G. G. Talbot estableció allí una industria. En Kenia, los primeros colonos blancos que plantaron té fueron unos hermanos de nombre Orchardson. A mediados de la década de 1920, Brooke, Bond & Company compraron la finca y comenzaron una plantación extensiva. A partir de ese momento, compañía tras compañía fueron comprando tierras en África oriental y occidental, particularmente en el oriente, y crearon enormes latifundios. La mayoría de ellos ahora se han consolidado y han sido adquiridos por grandes compañías de té. Las semillas de té base vinieron del distrito de Assam, en la India nororiental. África oriental produce principalmente tés negros, y África occidental tés verdes. Kenia y Tanzania son los mayores productores. El té africano no tuvo un impacto significativo en el mercado europeo aparte de Inglaterra, donde se utilizaba solamente para hacer mezclas. El té de África occidental, la producción verde, sí entró con fuerza en el mercado de los países mediterráneos porque era más barato y fácil de conseguir que los tés verdes de China y, en aquella época, la India no producía tés verdes como lo hace hoy día JAPÓN Los japoneses, como buen pueblo bebedor de té, tienen forjadas sus propias tradiciones, relacionadas con dicha bebida. Son uno de los pueblos expertos en esa materia y, por eso mismo, no llama la atención, que tengan una gran cantidad de maneras, aplicadas a su gran afición por el té. El té en Japón, adquiere dimensiones notables. De hecho, es uno de los países más destacados, en materia de consumo de esta bebida. Por ende, es lo más lógico, que tengan una gran cantidad de tradiciones, arraigadas al consumo del té. Al fin y al cabo, es una bebida de cabecera y que se consume constantemente, en dicho país. El té preferido por los japoneses es el té verde. Esa variedad acapara la gran mayoría de los gustos de los nipones. Al té se lo sirve en cualquier ocasión. Ya sea para recibir visitas, en el desayuno y también durante las comidas. Es como beber un vaso de agua. Los nipones siempre tienen lista una buena tetera para recibir a las visitas. También saben combinarlo muy bien con sus comidas. Incluso el sushi, el tempura o el sashimi, comidas japonesas tradicionales, se acompañan de una taza de té. Por eso mismo, estamos en condiciones de decir que Japón es sinónimo de té. INGLATERRA Indiscutidamente, uno cuando piensa en té le es imposible no pensar en el Reino Unido. A pesar de que allí mismo el té no se produce, los ingleses han adquirido la costumbre de beber té,como en ninguna otra parte del mundo. Es por eso que han surgido una gran cantidad de hábitos relacionados con esa bebida, en la cultura británica. Actualmente, el Reino Unido es el segundo país en el mundo en consumo de té per cápita. Y lo que más llama la atención es que nunca se produjo té en esa región. Pero es imposible separar las costumbres del té con la Gran Bretaña. Es que desde hace largo tiempo, más precisamente cuando empezaron a importarlo desde la India, el té se convirtió en la bebida más popular por aquellos lares. La introducción del té en las islas británicas data de una gran antigüedad. Es más, habría que remontarse a los reinados de Catalina de Braganza, la reina consorte de Carlos II. Esto es en los años 1660, aproximadamente. De todos modos, no fue hasta el siglo XIX cuando el té logró tener en Inglaterra la afición que despierta por estos tiempos. Los ingleses, a la hora de beber el té, lo beben solo, con azúcar o con leche. Se inclinan generalmente por los "blends" y nunca lo sirven con crema. Todo el mundo bebe su té en el Reino Unido. Hasta tal punto, que algunas compañías permiten a sus empleados hacer una pausa para beber el té.
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Por supuesto la Kombucha no está pasteurizada, porque de lo contrario perdería una gran parte de sus beneficios. Los propios ácidos de la Kombucha sirven como conservantes naturales, por eso puede guardarse en un lugar frío al menos durante 18 meses sin perder sus propiedades. La Kombucha es un alimento vivo, y como prueba de su vitalidad es natural que se formen posos parecidos a los de la sidra. Estos son totalmente inocuos (consisten en acumulaciones de levadura y las propias ramificaciones del hongo de la Kombucha) y pueden eliminarse con un colador no metálico. Diferentes tipos de Bio Kombucha Bio-Kombucha Rooibos El arbusto rojo de África del Sur, aún no es muy conocido (se descubrió hace sólo unos 100 años), pero por su sabor y sus propiedades es actualmente muy apreciado entre las tisanas. La infusión de rooibos no posee cafeína ni alcaloides semejantes. Es rico en vitamina C, hierro y otros minerales. Las propiedades probadas y populares de rooibos son • trastornos digestivos e intestinales • bebida deportiva • Efectos antioxidantes • Equilibrio del sistema nervioso • y muchas más.
La Kombucha de Rooibos es una variedad muy sabrosa que se puede tomar a cualquier hora. Es recomendable para todas las personas incluidas los niños y gente nerviosa o con hipertensión. ________________________________________
Bio-Kombucha Té verde El té verde no está fermentado como el té negro. Se cuecen las hojas al vapor y luego se secan, con lo cual es más suave. El té verde tiene una historia milenaria en su uso como infusión con excelentes propiedades. Es muy conocido como neutralizador de radicales y por su cantidad de vitamina C. En muchos libros se recalca que reduce el riesgo de desarrollar cáncer por su cantidad de depolifenos (uno de los antioxidantes) y ayuda a prevenir el desarrollo de tumores. Ayuda igualmente a estabilizar la presión arterial. Es recomendable tomar té verde para la buena memoria y para mantenerse más joven. El té verde acelera el proceso de quema de energia del cuerpo con lo que se ayuda a perder peso. Nuestra Kombucha Té verde tiene un sabor ligero y refrescante. Sugerencia: ¡Disfrutela con hielo, limón y una ramita de hierbabuena!
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Bio-Kombucha Té negro El té negro generalmente posee un aroma más fuerte y contiene más cafeína que otros tés con menores niveles de oxidación. El té negro está recomendado en muchas recetas para elaborar la Kombucha. En Rusia, hay una tradición centenaria para elaborar el "Tekvass" (nombre con el que se conoce a la Kombucha en este país). Como la Kombucha mantiene las propiedades del té que se usa para la fermentación, la del té negro es estimulante por su contenido en cafeína. ________________________________________
Bio- Kombucha Frutas del Bosque La Bio-Kombucha de "Frutas del bosque" es dulce y aromática; es nuestra favorita y es igualmente apreciada por adultos y niños.Tiene un sabor ligero a canela. La Kombucha Frutas del Bosque se puede mezclar muy bien con zumos naturales. Por su color y su dulce sabor, es una bebida ligera y agradable. Muchas frutas del bosque tienen pigmentos antioxidantes y una alta capacidad de absorción de radicales de oxígeno entre alimentos vegetales.
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Bio-Kombucha Yerba Mate La Bio - Kombucha de Yerba Mate nos trae un sabor fuerte y estimulante. La Yerba Mate es una infusión de los países sudamericanos. Es estimulante para el cuerpo y la mente y es una alternativa sana al café. Los indios Guaranís de Sudamérica han traído el mate. Ellos utilizaban el mate como medicina y energizante. Todavia usan el mate como • Energizante para el cuerpo • Estimulación de la rapidez mental • Fomenta la pérdida de peso • Aceleración del proceso de curación • Eliminación del estrés • Calmante de alergias • Fortalecimiento del sistema inmunológico
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Bio- Kombucha Limón La Bio-Kombucha Limón es una mezcla de té verde, hierba limón y lapacho. El limón quita la sed y es muy refrescante. El té de lapacho proviene de la corteza interior de un árbol tropical (Tabebuia Avellanedeae). El lapacho contiene una alta cantidad de minerales y elementos químicos no habituales en las plantas. Se aconseja para fortalecer las defensas del sistema inmunológico en los niños. Los incas lo usaron por sus propiedades antibacterianas. Sabor entre dulce y avinagrado, haciéndonos recordar a la sidra de manzana.
Kombucha tradicional de té negro

El pasado Viernes tuvimos el placer de recibir en la Teteria a Jose Guadalajara autor de LA MALDICIÓN DEL REY SABIO y Juan Ramón Gálvez responsable del portal mejorconunlibro.com.Se estuvo grabando una entrevista que proximamente se emitirá a traves de Onda color 107.3 o a traves de internet en http://www.ondacolor.org/.Será el Martes de 18.00 a 20.00. José Guadalajara es profesor de Lengua y Literatura, investigador y novelista. Con SIGNUM se inició su actividad como novelista. Esta novela histórica, ambientada en la época del rey Juan II de Castilla, recoge el entramado profético-apocalíptico de este periodo bajo una intriga de ficción centrada en su protagonista, Juan Unay, un fraile real y desconocido que ha dejado un tratado sobre el Anticristo conservado en varios manuscritos. En TESTAMENTUM, su segunda novela, el argumento gira en torno a un enigma histórico: el supuesto testamento del rey Enrique IV de Castilla, cuya existencia aparece corroborada por algún cronista de la época.

La desaparición en la novela de ese importante documento hace que los personajes se enreden en una intriga de trascendentales repercusiones políticas para el futuro del reino de Castilla tras el golpe de estado de Isabel la Católica en diciembre de 1474. LA REINA DE LAS TRES MUERTES es un experimento con tiempos históricos entrecruzados. El autor ambienta su relato en el siglo XIX, entre cafés y tertulias, escritores y editores de novelas históricas. La intriga se prolonga en el tiempo y se introduce, a su vez, dentro de una novela. Los años finales del rey Alfonso X de Castilla, su enfermedad y la revuelta de su hijo Sancho, son el marco de LA MALDICIÓN DEL REY SABIO. En este espacio cronológico, los personajes, que conviven en el scriptorium sevillano del rey, se envuelven en una trama creada en torno a un libro de ajedrez. El amor secreto y los sentimientos afloran continuamente en sus páginas.
