ENTREVISTA CON TAE YAMAMOTO

Tae Yamamoto es profesora universitaria de cultura y lengua japonesas en Kioto. Y además es una consumada experta en la práctica de la ceremonia del té, una milenaria tradición oriental originaria de China y que en Japón adquirió rasgos diferenciales a partir del siglo XVI. Yamamoto está esta semana en Barcelona invitada por el centro Kannon Gyo, que organiza unos talleres para enseñar estas técnicas. La especialista ha venido con sus padres, que estos días también exponen y explican sus trabajos en el centro, especializado en cultura oriental. Porque a Yamamoto, la cultura tradicional le viene de familia: su padre, Terumoto Goto, es uno de los últimos fabricantes artesanos de máscaras del teatro Noh, y su madre, Keigyoku, es artista de la caligrafía.
¿De dónde viene la ceremonia del té? ¿Cual es su origen?
El té matcha vino de China, y primero se bebía porque era bueno para la salud, y los monjes lo daban en los templos. Después se empezaron a fabricar boles decorados, y se creó una cultura en torno al té y a la ceremonia para prepararlo. pero no había nada marcado, nada sistematizado. Fue el maestro Sen No Rikyu el que en el siglo XVI empezó a practicar la ceremonia del té tal y como la conocemos hoy en día. El estudió la manera de dar todos los pasos de la forma más elegante posible y de economizar al máximo los movimientos.
¿Cual es el sentido de la ceremonia?
Prepararle al invitado el mejor té posible, hacer que lo disfrute al máximo, como si fuera el mejor día de su vida, siguiendo una serie de preceptos: la armonía; el respeto o la admiración por el otro; la pureza, que se refiere tanto a la limpieza como a tener un corazón puro, y la tranquilidad, la calma, alejase de los nervios y el stress.
¿En qué clases sociales se daba y en cuáles se da hoy esta práctica?
Antiguamente, era una afición de los samurai, de los guerreros. Uno de los aspectos importantes por que se recuerda a Sen No Rikyu es porque fue el maestro de té de los señores feudales Oda Nobunaga y Toyotomi Hideyoshi. Hoy puede aprenderla todo el mundo, y muchas mujeres se interesan por ella porque así aprenden elementos de educación, de elegancia.

¿La puede practicar un hombre o una mujer indistintamente, o sólo se le enseña a las mujeres?
Hombres y mujeres, indistintamente. Hay más mujeres que hombres que van a aprenderla, pero hay diferentes estilos, vinculados a diferentes linajes, y en cada generación hay una persona que es el maestro de ese linaje. Bien, pues estas personas todavía hoy son hombres siempre.
¿En el Japón actual está muy extendida la ceremonia?
No todos los japoneses la practican. Es como una afición, como si te gusta el tenis o el futbol. Hay mucha gente, pero pasa como con muchos deportes, que aunque no los practiques o te interesen, puedes ir a ver a un amigo, o a acompañarle. Si no participas en la ceremonia del té, no vas. Además, se hace en habitaciones pequeñas, y con grupos reducidos.
Se trata de una tradición medieval. ¿Qué importancia, que vigencia puede tener en la era de la Nespresso?
La ceremonia nos recuerda la importancia de las relaciones humanas, del contacto entre personas, de poner el sentimiento en cuidar, en agasajar al otro. Por ejemplo, en el tren la gente normalmente no habla, y es todo muy frío. En la ceremonia del té, aunque haya silencio, todos los participantes tienen la intención verdadera de disfrutar de ese momento, y de que sea un buen momento para todos los presentes. Y por lo que respecta al respeto, en la ceremonia todos son iguales, sea cual sea su edad y su cargo. Se crea un mundo aparte en que no hay diferencias entre unos y otros, y se busca la armonía entre ellos. En la época de los samurai, la ceremonia era una ocasión social muy importante porque todos tenían que quitarse la espada y podían hablar relajadamente.
Más tranquilos sin armas encima, claro.
Se dice que como en la ceremonia no había espadas y se podía hablar más claramente, Sen No Rikyu era el único que se atrevía a decirle las verdades a la cara a Oda Nobunaga y Toyotomi Hideyoshi, a decirles las cosas tal y como las pensaba. Los demás no se atrevían porque los habrían matado, pero él les daba consejos tranquilamente, amparado en la armonía de la preparación del té. En una época de guerras continuas, la sala del té debía de ser un lugar muy relajante para ellos. Debían de estar muy tranquilos ahí. Y en eso se parece al mundo de hoy: la gente trabaja mucho, la vida es una lucha constante, y cuando entras en la sala del té, te puedes relajar.
¿Echa en falta en la sociedad actual algunos de esos valores que se simbolizan en la ceremonia?
En todas las artes tradicionales japonesas, incluidas las artes marciales, están muy presentes esos valores de respeto, de armonía, de pureza, así que creo que entre los japoneses de hoy aún queda mucho de este espíritu.
¿Y en Occidente?
He comprobado, y me ha sorprendido, que aunque aquí no se entienda la lengua japonesa ni se sepa nada de la ceremonia del té, mucha gente, al verla, entiende perfectamente lo que simboliza. Yo creo que lo que la ceremonia propone conceptos universales.
¿Por qué es tan importante la caligrafía en la ceremonia?
Cuando los invitados entran en la sala, leen la caligrafía. Normalmente hay alguna cita del budismo zen, una frase inspiradora, que invita a reflexionar, y durante la ceremonia, los invitados piensan en su significado.
¿Cuánto tiempo puede llevar aprender la técnica de la ceremonia del té?
Para aprender una versión sencilla, con una semana practicando quizá sería suficiente. Pero hay muchas fórmulas diferentes. Y para conocer bien, a la perfección, la técnica y todas las variantes de la ceremonia, puedes necesitar 10 o 20 años. Por ejemplo, de cada herramienta, hay diferentes tipos, la decoración tiene que estar en consonancia con la estación del año, etc. Se tarda muchos años en conocer todos los detalles.

¿Cuánto lleva usted estudiando la ceremonia?
Empecé a los 13 años, estuvo 10 años aprendiendo, y después me fui a trabajar al extranjero y lo tuve que dejar durante un tiempo. Hace unos cinco años retomé el estudio de la ceremonia y desde entonces me he centrado mucho en conocer todas las técnicas y dominar todos los detalles, pero aún me falta mucho, puedo avanzar mucho más.
Se puede estar toda la vida perfeccionando la técnica.
Sí. La gente que aprende ceremonia del té nunca dice ‘ya está, ya lo sé todo’, sino que sigue practicando siempre, hasta la muerte. La profesora con la que yo practico tiene 50 años, pero el corazón de un niño: aún quiere aprender más, siempre quiere aprender más. Siempre hay quien puede saber más que tú. Hay personas con 80 años que hacen la ceremonia del té, así que nadie con 50 años te dirá que ya lo sabe todo.
¿De donde le vino la afición?
De pequeña, mis abuelos me preparaban té para merendar, no con la ceremonia completa, pero sí de forma ritual. Y entonces ya pensé que me gustaría saber cómo se hacía la ceremonia.
Y lo convirtió en su hobby.
Sí, es mi afición principal, a la que dedico más tiempo y más concentración. Mi hermana mayor también está aprendiendo la ceremonia desde los 14 años. Aunque trabaja en una empresa, le dedica mucho tiempo, y sabe muchísimo. Y a mí, aunque estoy muy ocupada con mis clases, me sirve para relajarme. Cuando entras en la sala del té, es como entrar en otro mundo, tu corazón está en otro mundo.
¿Cuánto tiempo le dedica?
Unas 10 horas por semana: cuatro entre semana y otras seis el fin de semana.
¿Y no imparte clases de ceremonia del té?
No, no. ¡Ya estoy muy ocupada con mis clases de la universidad!
¿Usted sólo toma té así?
Bueno, en casa, si me apetece un té, cojo el bote y me hago uno, sin más. Pero eso ya no nada ceremonial. Es sólo beber té.
Fuente: www.lavanguardia.es
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GENMAICHA: TE CON ARROZ Y SAMURAI

La historia del té Genmaicha atraviesa numerosas leyendas y consideraciones que recorren todo el camino histórico de una época del Japón y la cultura oriental y también expresado en los aspectos más cotidianos del siglo XX, momentos en los que el té verde se alzó hacia su actual apogeo y difusión en todos los países productores y consumidores de té en el mundo.
El Genmaicha es un blend de té verde japonés que tiene su origen cruzado de leyendas e historias y entre las que se destaca una y que cuenta que en el siglo XV en Japón, en un refugio en el que se reunían guerreros samurai, se servía el clásico té verde, cuando uno de los sirvientes del grupo, llamado Genmai servía el té; en el momento de servirle a uno de los jefes, se cayeron unos granos de arroz de su manga (que guardaba para su diario refrigerio) en el cuenco, con lo que inmediatamente, furioso, el jefe samurai se levantó, tomó su katana (espada japonesa), y decapitó a su siervo. Luego sin inmutarse, se sentó nuevamente en la mesa a tomar su té, pero al beberlo, percibió que su sabor había cambiado positivamente con lo que ordenó servir de ese modo al té y llamarlo Genmai-cha (té), en honor a su sirviente.

Del mismo modo, otras historias y leyendas han recorrido el origen de este famoso té, ya que debido a que el té verde hace mucho tiempo era consumido por una elite social, y por su alto costo, las amas de casa extendieron el producto añadiendo granos tostados de arroz a las hojas de té para poder consumirlo masivamente. Y en este sentido, su nombre provendría de Gen (oscuro), mai (arroz) y cha (té). En una época se utilizaba el té verde de cosecha tardía bancha junto al arroz tostado, pero actualmente se lo prepara con el té sencha que es de mayor calidad. Las propiedades que posee el Genmaicha son muchas, entre las que se cuenta que estimula todo el sistema inmunitario, aumenta el metabolismo, absorbe grasas, previene el desarrollo de arrugas, combatiendo todo el proceso de envejecimiento, es también muy beneficioso para la piel y el sistema dental, es un gran digestivo, por lo que se lo recomienda beber posteriormente al almuerzo y cena, y cuenta entre sus componentes vitamina B1 y baja cantidad de teína, por lo que se puede consumir antes de dormir.
El aspecto visual del Genmaicha es de colores verdes brillantes del té verde sencha, con algunas tonalidades tenuemente acarameladas, aromas tostados y dulces del arroz, combinados y equilibrados por las notas vegetales del sencha, presentando en boca una textura aterciopelada que nos invita a recorrer cada una de las románticas historias y leyendas del maravilloso mundo oriental.
Fuente: http://infusion-te.blogspot.com
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ENTREVISTA CON MISAKO HOMMA,CERAMISTA Y PROFESORA DE TRADICIONES JAPONESAS

Los monjes budistas que fueron a estudiar a China regresaron a Japón con un preciado tesoro entre sus manos. El té que hoy compartimos Oriente y Occidente guarda, en sus países de origen, un fecundo sentido que traspasa su consistencia gastronómica. Misako Homma nos habla del ChaDo-Raku (el disfrute en el camino del té) y nos muestra los secretos del ritual que amplifica el placer de degustar esa infusión.
-¿Qué simboliza el ritual del té?
-Una parada en nuestras obligaciones cotidianas para compartir el disfrute de la bebida, con todos los sentidos, y un tiempo para el recogimiento personal.
-¿Todos los sentidos juegan?
-Sí. Se contempla la decoración y los utensilios, se escucha cómo hierve el agua, se huele el aroma, se toman los cuencos donde se sirve la bebida y se degusta.
-¿Qué ingredientes configuran una completa ceremonia del té?
-Todo empieza con una carta, cuando se envía y se recibe la invitación a la ceremonia. Luego vienen los preparativos, el quimono, la decoración del jardín y de la sala destinada a la celebración, que puede ser el comedor. Aunque en Japón hay casas exclusivas para el ritual del té. El tipo de té más popular que se toma cada día es té verde en hoja, pero el de las grandes celebraciones es de hoja joven, de más calidad, y en polvo.

-¿Qué ocasiones propician el despliegue de todo el ceremonial?
-Cualquier motivo puede servir. Pero en la tradición japonesa, las grandes ceremonias del té se asocian, sobre todo, a la naturaleza. Cambios de estación, la luna llena, la primera nevada o los cerezos en flor.
-¿Nunca se celebran así los cambios en la vida de las personas?
-Sí, una mudanza, un cambio de trabajo o de categoría o un reencuentro después de mucho tiempo de separación entre amigos o familiares también son motivos.
-¿Qué recuerda de esos rituales del té en su infancia?
-Había ido, pero no me interesaban. Lo que está a nuestro alcance, muchas veces, no lo valoramos. Fue en España, gracias a una maestra japonesa del té, donde se me despertó un gran interés por la cultura de mi país. El contraste con lo de aquí me hizo, hace 20 años, conectar con mi tradición.
-¿Se come y se habla durante la ceremonia del té?
-Se comen pastelitos dulces, pero apenas se habla. Todo se aparca. Incluso el samurái dejaba su espada y paraba la guerra para tomar té con su enemigo.
Fuente. elperiódico.com
