RECOGIENDO EL TÉ

Sri Lanka (antigua Ceilán) es el mayor exportador de té del mundo. Y el proceso de recogida es, principalmente, manual y femenino. Cientos de mujeres tamiles recogen en torno a veinte kilos de té al día por apenas dos euros. Al mismo tiempo el consumidor europeo paga por esa cantidad no menos de 1.000. El té es una de las aportaciones más importantes al Producto Interior Bruto (PIB) srilankés.
Trabajan 22 días al mes unas ocho horas al día. Se las puede ver por las plantaciones de Nwara Eliya, en las colinas de esta isla con forma de lágrima, vestidas con saris de colores. No paran de cortar las hojas más tiernas con sus manos y echarlas en las cestas que llevan anudadas a la cabeza.

La Pedro Tea Estate es quizás la plantación más accesible desde Nuwara Eliya y también la más preparada para las visitas. Los domingos no se trabaja en la planta ni se recoge el té en los campos pero existen visitas guiadas para turistas. En ellas se explica desde la recogida de las hojas del té hasta el envasado para la exportación, pasando por los procesos de triturado, selección y secado. Al final de la visita se invita al viajero a una taza en el Tea Centre de la hacienda, donde también se puede comprar té procesado aquí, con un gran número de variedades.
Estas mujeres, con las que es más que difícil entenderse si no se habla tamil, realizan un pequeño descanso en la jornada y se sientan frente a las cumbres. Cielo o infierno. Algunas llevan frutas, otras té de sus propios termos.

Cuando llenan las cestas, se dirigen en fila india a la fábrica. Siempre caminado por caminos largos y empinados. Quién sabe cuántos kilómetros recorren al día. Allí las espera un hombre: el jefe. Sentadas muy juntas vuelcan sus cestas y eliminan las peores hojas, las más secas, las más estropeadas. El té de Sri Lanka tiene fama mundial y la hoja verde cotiza en la Bolsa de Colombo.
Una vez hecha la selección, comienza el proceso de secado, triturado y fermentado. Después se empaqueta. Y en la caja aparece la figura del león, el símbolo y logotipo de la isla. Si no hay león, no es té de Sri Lanka. Es así, pues los importadores que compran en las subastas y empaquetan en otros países no pueden estampar el anagrama del león. Y las empresas que utilizan este símbolo tienen que cumplir con las reglas marcadas por los estándares de calidad del Sri Lanka Tea Board.

Ellas regresan a sus montañas a seguir cortando hojas. Las cestas ya vacías no pesan tanto e igual caminan algo más ligeras. En unas pocas horas volverán a estar llenas. A quién no le apetece, a cualquier hora, sentado frente a una mesa camilla, el sabor de una taza de té.
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DE VIAJE CON EL TÉ

Todos los amantes del té tenemos que darle las gracias al dios chino Shennong por haberlo descubierto. Según cuenta la leyenda, el té se creó después de que unas hojas divinas aterrizaran en el agua que el propio dios había colocado en plena ebullición.
Hoy en día, el té es la bebida más consumida después del agua, y se cultiva desde Asia hasta América del Sur. Hoy os invitamos a probar la espuma líquida del jade, como lo definió el filósofo taoísta Lao Tzu.
En las Montañas Centrales de Sri Lanka, la miel de color rojo se mezcla con los arándanos. Estamos en Ceilán, antigua colonia británica. Hoy en día, sus antiguas casas y hoteles aún traslucen su aroma inglés. Valles, arrozales, acantilados, cascadas y todo tipo de aves atraen a cualquier amante de la naturaleza.
Los turistas más nostálgicos y sosegados podrán jugar al golf o bien al polo. La epopeya de Ramayana viene a nosotros entre las estatuas del Templo de Sitay las rosas de los Jardines de Haggala. Tomar un té en Ceilán es algo más que divino.
Darjeeling, en la India, es famosa por su champán de tés. En esta ciudad fue donde comenzó su trabajo misionero la Madre Teresa de Calcuta. Esta es la tierra del rayo, el dios hindú del cielo, Indra, que se supone que cayó aquí por primera vez en la tierra.

Los turistas nos extasiamos con las magníficas puestas de sol de Tiger Hill, desde donde se pueden tener unas vistas increíbles del Everest. Desde el Observatorio se pueden apreciar las cumbres nevadas del Monte Kanchenjunga, el tercer pico más alto del mundo. Monasterios budistas e hindúes pueden verse por esta zona.
En el Monte Chiri, en Corea del Sur, las hojas del té mejoran incluso la vista y combaten el envejecimiento. Estas hojas se recogen en Chiri-San, un parque nacional donde hay una selva virgen, dormida entre nubes, templos budistas y preciosas azaleas. Se trata de una de las montañas más importantes de Corea, y los coreanos dicen que allí reside Dios.
En Taichung City, Taiwan, el té, más que una bebida, es una divertida mezcla de té, miel, leche condensada y bolas de tapioca. Se hizo popular en los años 80, y de ahí, famoso en todo el mundo. En esta ciudad, podemos bañarnos en sus aguas termales, contemplar los templos del siglo XIX, y disfrutar del Parque del Agua. Un deber turístico es la visita al Parque Zhongshan, símbolo local.
Por último, os llevamos hasta Fukuoka, en Japón, en donde se cree que el té sirve incluso para prevenir el cáncer. Allí las conocidas como hojas de Gyokuro son cultivadas entre los peces y las luciérnagas. Además de las luciérnagas, la ciudad es conocida por sus altares budistas hechos de bambú. No dejéis de disfrutar del Puente Colgante del Somanosato Keiryu Park.
Fuente: rumbocero.com
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EL TÉ DE LAS VÍRGENES

Las plantaciones de té se han convertido en uno de los mayores reclamos turísticos de Sri Lanka. En la de Handunugoda se cultiva el más puro del mundo: aquí han revivido una antigua tradición china de los siglos V y VI en la que el té es cultivado por mujeres vírgenes y evitan a toda costa que la planta entre en contacto con parte alguna del cuerpo humano.
Una historia que parece sacada de un cuento infantil, por la que sólo las manos enguantadas de una doncella virgen podían cortar el té de los emperadores, perdura hoy en unos de los confines más bellos de Asia. Hablamos de la plantación de té Handunugoda en Sri Lanka, donde se ha revivido una antigua tradición china de los siglos V y VI D.C.
Se dice que la refinada corte china contaba entre sus manjares más preciados un té que sólo tocaban los labios del emperador gracias a un estricto proceso de cultivo y recogida. El té debía ser cultivado por mujeres vírgenes, que cortaban las hojas con tijeras de oro y las dejaban caer en un cuenco dorado, ofreciéndolo después como tributo al emperador y evitando en el proceso cualquier contacto con parte alguna de la anatomía humana.

Estudios de laboratorio realizados por la prestigiosa empresa suiza SGS ponen de manifiesto las altas propiedades anti-oxidantes de la planta, carente de insecticidas o pesticidas y con un contenido en cafeína muy bajo. El precio, digno de tal prestigio, está alrededor de los 520 euros el kilo (o a casi un euro por taza si se compran cantidades más pequeñas), muy por encima del precio de un té normal y que lo hacen acreedor del título de té más caro del mundo. Su producción, limitada a 48 kilos al año, convierte a este té en un lujo sólo al alcance de los emperadores del mundo moderno. Fuente: www.ocholeguas.com
