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COMO SE CREARON LAS CASAS DE TÉ

26/OCT

Corría el periodo Muromachi (1334-1573). A medida que los guerreros se dejaban subyugar por las suavidades del lujo y el arte, se hallaban los monasterios zen en una comprometida contradicción. Por una parte, eran recoleto lugar de meditación, apartado del bullicioso ajetreo de la corte. Por otra, dado que los monjes dedicaban sus ocios al arte -hay que recordar que el estilo monocromo sumie nació durante esta época como obra de aficionado, como ocio del monje budista que sabía suplir su falta de profesionalismo por aquella palpitante emoción de lo imperfecto- eran centro de reunión de las gentes cortesanas, de los coleccionistas, de todos aquellos que anhelaban poseer una pieza de arte única, adquirible, precisamente, sólo en el recinto de un monasterio. Y así, contradictoriamente, los monasterios fueron lugares grandemente concurridos.

 

Los samurais habían convertido sus sables en preciosos objetos de arte, vivían en olvido de las cosas de gobierno, e hicieron de Kioto la émula de la Florencia renacentista. La vida cortesana alcanzaba las cumbres de la sofisticación y atenazaba al individuo a las cadenas, sutiles pero agobiantes, del protocolo. Los notables, lo eran si sabían por igual escribir poesía, pintar, atesorar cerámicas, lacados y objetos de belleza singular, dar fiestas sutuosas y organizar entretenidas representaciones teatrales.

 

En los fastos del siglo XVI, era lógico que no cupiera para el zen más que la superficialidad y lo anodino. Así se puso en boga la ceremonia del te como contrapartida, como oasis en la fatigosa vida de la corte, como posibilidad de evadir un cierto protocolo. Pero para aquellas gentes agitadas y superficiales, la ceremonia del té no podía ser otra cosa, en fin, que una ceremonia más. Y así la integraron en su mundo movido y frívolo a modo de una sutil charada de la cortesía. Les estaba vedado comprender los valores intrínsecos, su auténtico sentido, ahondar en los principios de meditación budista. Y así, como tantas veces en la historia, se contentaban satisfechos con un mimetismo de las formas externas; con hacer como que se hacía.

Sólo a partir de este estado de cosas, puede apreciarse la revolucionaria personalidad de Sen Rikiu (1521-1591), el maestro de la ceremonia del té cuyo nombre ha quedado unido al de Daitoku-ji. Vió el advenimiento de una nueva época, la Momoyama (1585-1615), en que se estableció una especie de dictadura política sobre la corte enamorada del lujo y sostenida por la nueva clase de comerciantes. Sen Rikiu comenzó a suprimir en la ceremonia del té que como maestro presidía, todo aquello que, teniendo origen chino, resultaba enigmático e incomprensible a sus invitados; todo lo mimético y rutinario, para conseguir que aquel momento de reposo y meditación se convirtiera en un enfrentamiento de cada individuo consigo mismo, en una oportunidad para cada uno de los invitados de reflexionar profundamente sobre su propia persona hasta logar situarla en el lugar que le correspondía en el universo.

 

Hubo en la historia hasta sesenta submonasterios en el complejo de Daitoku-ji; independientes entre sí, comunicados por silenciosas avenidas de piedra pero que salvaduardaban tras sus propios muros de bambú el maspreciado de los atributos del zen: el individualismo. Así cada monasterio tenía su nombre, sus maestros y sus discípulos, sus dependencias y sus jardines, sus colecciones de pintura y cerámica. Subsisten en la actualidad todavía veintidos o veintitrés de ellos. En uno de las más famosos, Daisen-in, preparó el té Sen Rikiu para el mejor de sus amigos, Taiko Hideoshi, el dictador de los destinos del Japón de su tiempo, el protector de Daitoku-ji y forjador de su época dorada.

Sen Rikiu perdió la gracia de su señór por alguna de las varias versiones que se cuentan del hecho -porque no quiso darle a su hija por esposa o porque el dictador descubrió que pretendía envenenarle con una aromática y amistosas taza de té, o quizá por pecado de soberbia, porque cuentan las fuentes que, con exagerado anhelo de inmortalidad pretendió incluir su propia imagen entre las que coronaban el Sanmon, la puerta sagrada de Daitoku-ji. Lo cierto es que de pronto, Sen Rikiu se vio agraciado por la orden de su amigo el dictador Hideioshi con el honor de quitarse la vida.

 

Sen Rikiu, el día fijado, invitó a sus discípulos más queridos a tomar el té. En uno de los monasterios de Daitoku-ji, en el de Jukoin, sirvió el maestro por última vez el líquido verde, humeante; por última vez oyó elogiar los utensilios que habían conseguido aunar lo bello con lo tosco y sencillo en esa cualidad del zen que llamamos wabi. Y después de haberse concentrado por última vez en sí mismo, hizo don de ellos a sus discípulos; luego arrojó contra el suelo la taza vacía en que acababa de beber su té -"que jamás de esa taza mancillada por mi degracia pueda beber otro hombre", despidió ceremoniosamente a sus invitados y quedó para siempre solo en el monasterio de Jukoin, donde aún hoy puede visitarse su tumba.

 

A Sen Rikiu se le atribuye la creación de la sukia o chahitsu, la casa de té, un pequeño edificio independiente o sólo una estancia simple, sencilla, austera. Techumbre de paja - era el techo el elemento más importante de la casa campesina, verdadero símbolo de unión entre cielo y tierra, que durante la estación lluviosa protegía las delgadas paredes de la lluvia -apoyada sobre postes de madera lisos y sisn acabado. El espacio interior, suficiente para cinco invitados más el maestro, aparecía vacío; sólo el tokonoma donde colgar una pintura y colocar un jarro de flores, un hoyo en el suelo donde hacer fuego y calentar la marmita. El refinamiento de lo sencillo en que nada se deja a azar y todo es producto de premeditada volunta artística; en que se rechaza lo simétrico porque entraña repetición.

 

La casa de té de Sen Rikiu, inspirada en la choza campesina, pasó a representar para la alta sociedad de la época el ideal arquitectónico, y dando origen al shoin -estancia mínima que tiene imprescindiblemente un tokonoma, un chigaidana (estantería)- venció a la tradición aristocrática. Su suprema sencillez acabó representar el prototipo de palacio residencial.

Fuente:http://www.zafulandia.com/

 

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LAS CASAS DE TÉ DE KANAZAWA

12/SEP

En tiempos feudales en la zona de Kanazawa vivía un poderoso clan llamado Maeda. Era el segundo clan mas poderoso de todo Japón, después del Tokugawa, y su poderío se medía en términos del tamaño del feudo y la producción de arroz. Con el tiempo Kanazawa paso de ser un simple pueblo a una ciudad que podía rivalizar con Edo o con Kyoto así que es un sitio que os recomiendo visitar.

Además, es uno de los pocos lugares en el país que escapó a la destrucción de las bombas aliadas en la Segunda Guerra Mundial así que toda la parte antigua, el pueblo alrededor del castillo y el distrito samurai, Nagamachi, se conservan muy bien. Otro distrito en buenas condiciones es el distrito del té o chaya.

Una chaya es una casa de té, un tipo de restaurante donde los invitados beben té y al mismo tiempo son entretenidos por una geisha que baila y canta para ellos. En tiempos antiguos eran sitios populares y solo se encontraban en ciertos distritos que se concentraban a las afueras de la ciudad.

En Kanazawa hay tres de estos distritos chaya. Está Nishi Chayagai, Higashi Chayagai y Kazuemachi Son lugares encantadores con antiguos edificios de madera y calles pavimentadas que parecen haber sido sacadas de alguna película de Kurozawa. Cada uno de ellos tienen casas de té que todavía funcionan así que es la oportunidad para sentarse a ver una geishsa caminar velozmente por las calles rumbo a su trabajo.

El distrito mas grande de todos es el Higashi. Tiene tres casas de té, tiendas y cafeterías. Hay incluso tiendas de souvenir que venden objetos dorados a la hoja, la especialidad de Kanazawa. Si quieres beber el té rodeado de oro pues ve a la casa Hakuza. Le sigue el distrito Nishi a poca distancia de distrito de los samurais, es más pequeño, tiene un museo y hay tours gratuitos.

Y el tercer distrito es el Kazuemachi, el más pequeño de todos con varios restaurantes y casas de té. Se llega caminando cruzando el río desde el distrito Higashi.

 

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EL TÉ MUNDANO

07/AGO

Hay distintas versiones sobre los orígenes del té. Sin embargo casi todas lo sitúan entre la India y China. Más allá de los hábitos fundantes tanto en Oriente cuanto en Occidente, la popular infusión tiene sus modos de beberlo y prepararlo.

Esos rituales en torno a las delicadas hojas o hebras, que dejan su sabor y aroma en el agua caliente que las macera, en derredor del mundo son muchos. Los chinos por ejemplo destacan un ambiente cálido y armonioso, un anfitrión atento pero no invasivo. En este caso no es un modo de hacer unívoco como en el caso de Japón pero, sin embargo, hay exacto respeto por la ceremonia que cuenta con pequeñas tazas sin asa y teteritas de arcilla.

En China los tés más utilizados provienen de plantaciones de Taiwán que, dependiendo de la producción que se pretenda, reciben diversos tratamientos (ver recuadro). La temperatura del agua es otro factor importante, para el té verde: entre 75 y 85º C para los rojos u oolongs a un poco más de temperatura pero sin hervir.

Entre los pasos destacados, quien sirve coloca agua hasta la mitad de la taza; el resto será “afecto” y, antes de probarlo, el invitado debe olerlo, golpear tres veces la mesa con el dedo y posteriormente tomar en sorbos pequeños. Tras degustarlo comparan los sabores y aromas con las tazas que se beban a lo largo de la reunión. Cuatro principios básicos rondan el rito: He –armonía-; jing –respeto-; mei-belleza-, y zhen –verdad-.

La ceremonia del té japonesa en tanto, también implica hospitalidad y un tiempo para compartir. El anfitrión usa kimono. Debe haber un arreglo floral en la estancia destinada -denominada casa de té-  incienso, así como una cerámica especial. Es habitual un rollo en la pared con caligrafía o pintura; esto define al agasajado.

El equilibrio entre los gestos apropiados y las frases acordes al momento es un trabajo al que deben abocarse -especialmente los occidentales- para no faltar el respeto. El equilibrio ambiental, por otra parte, es de gran relevancia: está dado en el metal de la tetera, la madera del carbón, la tierra de la cerámica, el fuego para calentar y el agua con la que se prepara la bebida. Un gesto de humildad es sacarse los zapatos y colocarse de rodillas. Incluso en muchas casas de té se ingresa en esa posición.

No se puede hablar de té sin nombrar a Inglaterra donde per cápita se consume más de 2 kg de Camellia sinensis. El Afternoon tea es un clásico que se impuso en la realeza y que los ingleses trasladaron a sus casas nobles y a sus colonias a comienzos del siglo XVII. Hoy es posible vivirlo con la opulencia de otros tiempos o la sencillez de un encuentro casual.

Entre las 15 y las 17, con scones, sandwiches o tartas frutales, la hora del té debe honrarse. En la actualidad es muy cool llegar a hoteles de lujo, en los que en ambientes refinados y elegantes se sirve la infusión de forma glamorosa. En el  Hotel Claridge's un arpa acompaña el servicio por el que se abona aproximadamente 30 libras. El Ritz es lo más top. El promedio de gastos es de 40 libras pero los vale. Todo el jet set y famosos del mundo en un mismo sitio.

En Granada hay que detenerse en las teterías árabes y dejarse cautivar. En las Caldererías en la parte baja del Albaicín las cartas de tés contienen diversos tipos -hasta 50- con sugestivos nombres como Embrujos de la Alhambra, Pasión de Granada o Amor turco. El ambiente con todos los toques orientales de sedas y coloridos almohadones, está presto para tomarse un tiempo para disfrutar.

El té se lleva a la mesa en bellísimas teteritas de metal y se sirve en pequeños vasos de vidrio decorados con arabescos dorados. Uno de los ejemplos contiene camellia sinensis, canela, manzana, naranja y menta y algunos secretos que jamás descubriremos. En algunos locales sirven pastelería oriental basada en frutos secos como almendras, nueces, avellanas, también con miel, pasas y dátiles.

En Marruecos mientras se camina por las tiendas de los mercados, no es de extrañar que le ofrezcan un vaso de té de menta. No lo rehúse: es un placer más de los que encontrará en ese país. La India, por su parte, es el mayor productor mundial de té. En su suelo se consume preferentemente el negro y se convida a los invitados en cualquier ocasión o momento del día, generalmente con azúcar y leche.

Fuente:http://welcomelosandes.com/

 

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