Blog

Tags

UN POEMA PARA EL TÉ

17/MAR

Arcadio Ortega es un poeta granadino que en su obra LA HORA DEL TÉ nos deleita con un poema dedicado al oro verde.

EL TÉ

La tarde, la ocasión. Las aspidistras

circundando la fuente,

acompañando,

creando un bosque insomne de hojas verdiagudas

que rebrillan las sombras en la humedad del patio.

 

Un surtidor, altivo y lúdico,

derrama los efluvios de luz que desde el cielo

filtra la claraboya donde el gris se diluye.

 

Suena en francés la música y el barman

nos sirve un té muy noble, aguado y en su punto.

sólo silencio y paz se percibe inconsciente

donde el aire acelera la tormenta anunciada.

 

Tú llegas presurosa

para decir amor con la sonrisa clara,

así, sin condiciones, levemente,

y ahí un latir de estrellas pavorosas y humildes

que juegan a comparsas.

 

Me aseguro que está la eternidad en los ojos,

tu cuerpo,

mi presencia y la noche.

Puede morir la tarde, ya no importa.

y entonces bebo el té diluido en sus oros

como si fuera el día del principio de entonces.

 

Añadir Comentario



EL TÉ Y LA SALVIA de Tomás de Iriarte

24/ENE

Tomás de Iriarte fue junto con Félix María de Samaniego uno de los fabulistas más importantes del siglo XVIII.

En estos versos censura a las muchas personas que estiman en más las cosas extranjeras que las de su propio país, y que las alaban y aprecian no porque tales cosas sean realmente mejores, sino por el mero hecho de proceder de otras tierras. Las fábulas de Iriarte son un tratado de preceptiva literaria, donde expone, de manera sencilla y amena, los defectos más corrientes de su época:

El té, viniendo del imperio chino,
se encontró con la salvia en el camino.
Ella le dijo: «Adónde vas, compadre?»
«A Europa voy, comadre,
donde sé que me compran a buen precio.»
«Yo», respondió la salvia, «voy a China,
que allá con sumo aprecio
me reciben por gusto y medicina.
En Europa me tratan de salvaje,
y jamás he podido hacer fortuna.
Anda con Dios. No perderás el viaje,
pues no hay nación alguna
que a todo lo extranjero
no dé con gusto aplausos y dinero».
La salvia me perdone,
que al comercio su máxima se opone.
Si hablase del comercio literario,
yo no defendería lo contrario,
porque en él para algunos es un vicio
lo que es en general un beneficio;
y español que tal vez recitaría
quinientos versos de Boileau y el Tasso,
puede ser que no sepa todavía
en qué lenguas los hizo Garcilaso.

 

Añadir Comentario