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LA INFUSIÓN TRANSCENDENTAL

30/AGO

El té se ha convertido en bebida universal, y amén de esto, mítica y aún religiosa: tanto cuando los árabes nos lo ofrecen para agasajar nuestra llegada como en el té de las cinco inglés, o en el ritual japonés, que nos invita a tomarlo con trascendencia. Con azúcar, solo o con pastas, la ceremonia es la misma. Quianlong, emperador de la China, tomaba el té con leche añadiendo a la infusión un buen trozo de mantequilla, costumbre que venía de las más profundas tradiciones de su país. El té lo toman desde siempre los tibetanos con ese añadido calórico, la mantequilla de yak, imprescindible para soportar con alegría las frías temperaturas ambientales y por tanto formando parte de sus vidas.

Y decir China es hablar del té, ya que de allí procede el arbusto de ese nombre, las hojas que lo cubren y la bebida que con ellas se confecciona. Parece que fue el sabio Shennang, hermano del Emperador Amarillo, de la dinastía Zhou, quien en los años dos mil ochocientos antes de nuestra era encontró la planta, la calificó, la incluyó entre los remedios de la medicina china que él desarrolló, y además de todo eso la convirtió en moda para bebedores que deseaban limpiar sus cuerpos con la infusión.

Una infusión, la del té, con trascendencia universal, y es que por razón de los impuestos que el rey Jorge quiso imponer a las colonias americanas, estas se rebelaron e independizaron -esa historia cuentan los libros- y dieron lugar a los actuales EE UU, donde, por cierto, se utiliza el té mucho menos de lo que parecería educado ante tamaño favor.

El arbusto nació en la China pero derivó hacia la India y Ceilán, y hacia Kenia y Turquía, que lo adoran, producen y consumen en grandísimas cantidades. Hasta un total de más de tres millones de toneladas al año, lo que considerando el peso de la hoja desecada parece una barbaridad, a todos menos a los abnegados marinos que lo transportaron en otras épocas al continente, que obtenían por su rapidez y buen hacer innumerables premios y regalías.

En nuestro entorno hay incondicionales y forofos -aunque deberemos reconocer que no son mayoría- que tienen en la cabeza su té ideal o se pirran por probar las infinitas posibilidades que les brinda el mercado. Además de las fórmulas remotas, que distinguen las hojas según su nivel de oxidación, y que van del blanco al negro pasando por el verde y algunos tostados, y otras calificaciones posteriores que definen el grado de fermentación, el picado de la hoja y su acumulación, lo cierto es que para experimentar nuevas sensaciones deberán acudir al mercado anglosajón, que por propia vocación o por el recuerdo de su extinto imperio en los reinos del té, ha logrado sabores sin par al depositar las hojitas y sus mezclas en la hirviente agua que contiene la imprescindible porcelana. Té negro al aroma de vainilla, o de ciruela y pétalos de rosa; té verde con jazmín; té con frutas del bosque o con sabor a melón....

Y un té freddo en Florián, a la sombra del campanile veneciano.

Fuente: ALFREDO ARGILÉS, elpais.com

 

 

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UNA TARDE DE TÉ CON SÁBATO

01/MAY

Hace unos diez años acepté la invitación de un amigo para conocer a otro amigo, aunque un poco mayor, una tarde de sábado de primavera.

-Venite hasta Hurlingham que de ahí nos tomamos el tren hasta Santos Lugares, me dijo.

-¿A quién vamos a ver?, pregunté extrañada.

-A Ernesto Sabato-, contestó y colgó el teléfono.

Me quedé con el tubo en la mano. Tenía una sensación que variaba entre entusiasmo e incomodidad, pero a la vez me enamoraba la idea de conocerlo. No era la primera vez que mi amigo lo visitaba a Ernesto. Siempre tuvo una admiración por el escritor, entonces un día quiso devolverle algo de lo que Sabato le había dado en su adolescencia y en su cumpleaños 90, le tocó el timbre.

Como era previsible le dijeron que no podía pasar a saludarlo, entonces desenfundó su gaita escocesa y le dijo a la señora que cuidaba a Ernesto: - No se preocupe, no quiero molestarlo, sólo le traje este regalo-, y comenzó a tocar unas melodías que retumbaban en los vidrios de la casita humilde de Santos Lugares. Al rato, la señora le dijo: -Vení, entrá que Ernesto te quiere conocer-.

Y así siguieron algunas de las visitas en las que una de ellas fue partícipe. Ese sábado de primavera llegamos temprano, pero la señora nos hizo entrar y esperar que Ernesto se levantara de la siesta. Nos guió a una pequeña habitación con un ventanal que daba a un patio interno, con un par de sillones, una biblioteca inmensa y un olor particular, ese que las letras impresas emanan de hojas amarillentas como si hablaran por sí solas.

-Vengan chicos, pasen por acá- y nos llevó a otra sala, un poco más grande, llena de pinturas donde Ernesto nos esperaba.

-Hola Alejito, que bueno que viniste, ahhh y bien acompañado, veo- dijo Ernesto con sonrisa cómplice. Y allí, comenzamos a charlar de todo un poco, de nada en particular.

Nunca le mencioné mis ganas de ser periodista, pero sí notó mi curiosidad ya que no paraba de hacerle preguntas. Llegó el té; nosotros llevamos pan dulce. Ahí comenzamos a hablar sobre esas pinturas que adornaban el taller donde estábamos.

- Ahora pinto porque no puedo escribir, el médico me dijo que ya los ojos no me dan más, ¿te gustan?, me preguntó. El negro dominaba las obras y contrastaba con las paredes color manteca.

-¿Por qué tanto negro Ernesto?, pregunté en mi más pura inocencia. Su mirada dejaba traslucir años y experiencia: - porque la vida en negra-, me dijo. E inmediatamente cambio de tema. -Bueno ahora quiero lo que me trajiste, le dijo a mi amigo mirando a su gaita-. La música hizo que nos calláramos y envolvió todo el ambiente.

Esa tarde conocí a Sabato, gracias por las palabras y por el té, señor.

Analía Llorente ,Subeditora Cronista.com

 

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JUEGO DE TÉ CHINO EN LA BODA REAL DEL AÑO

29/ABR

Un juego de té encargado por una ciudadana china a maestros de la capital de la porcelana, Jingdezhen, llegará al palacio de Buckingham esta semana como regalo para la boda del príncipe Guillermo y su prometida, Kate Middleton, informa hoy el diario oficial "China Daily".

El juego de té está grabado con símbolos tradicionales chinos de gran significado y ha sido aceptado por la Casa Real Británica como regalo de bodas.

La idea de este presente fue de Zhu Xiaoju, una ciudadana china y antigua estudiante en el Reino Unido quien, tras hablar con sus amigos, escribió a la familia real británica para que aceptara su regalo con motivo del enlace que se celebrará el próximo viernes.

Tras recibir el consentimiento del palacio de Buckingham, Zhu se dirigió a la localidad Jingdezhen, en la provincia oriental de Jiangxi y famosa por ser el lugar originario de la porcelana más fina en el país asiático.

En Jingdezhen, Zhu se puso en contacto con los mejores maestros y talleres y durante diez días estuvieron ideando un refinado juego de té con el fin de "desear lo mejor para la pareja a través de la cultura tradicional china", manifiesta la artífice de la idea al diario oficial.

El diseño final consiste en una tetera de forma octagonal decorada con los tradicionales colores azul y blanco y los nombres de Guillermo y Kate grabados en la superficie.

Tanto la tetera como las tazas están ornamentados además con complicados dibujos de ciruelos en flor, orquídeas, crisantemos y bambúes, cuatro plantas que representan, respectivamente, lo sublime, la rectitud, la modestia y la pureza.

Zhu Xiaoju también decidió poner un nombre al juego de té, al que bautizó como "Dian Xi", inspirado por el vaso de libaciones de uno de los protagonistas de la novela épica de Cao Xueqin "El sueño de las mansiones rojas", uno de los clásicos de la literatura china, escrito durante las dinastías Ming y Qin (1644-1911).

Jingdezhen

Esos dos caracteres se remontan también a un poema de Li Shangyin (813-858) escrito durante la dinastía Tang y que indica "afinidad y acuerdo mutuos".

"Con este juego de té, quisiera felicitar al matrimonio real y también espero que se convierta en un medio para el intercambio cultural entre Oriente y Occidente", concluye Zhu.

Fuente: www.abc.es

 

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