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TURISMO DE TÉ EN CORIENTES,ARGENTINA

20/DIC

Con la primavera asentada, comenzó la cosecha de té en Establecimiento Las Marías. Miles de estudiantes y turistas se acercan para conocer en primera persona las plantaciones en medio de una reserva natural que luce sus paisajes, colores y aromas en su mejor estación.

 

 Al norte de la provincia de Corrientes, camino a las Cataratas de Iguazú, ya pueden verse laderas enteras pintadas de un verde resplandeciente que llama la atención de todos los que transitan la ruta nacional 14. Se trata del característico color de los brotes de las plantaciones de té, que en Establecimiento Las Marías ocupan 1300 hectáreas y ya están siendo cosechadas.
 
La primavera en Las Marías es una época del año privilegiada para conocer nuestra reserva. Todos los jardines y senderos están con los colores más vivos que nunca. Florecen las Santa Rita, los lapachos amarillos y rosas y los chivatos con su característico rojo anaranjado”, explica Diego Quiroga, Jefe de Relaciones Públicas y Turismo de Establecimiento Las Marias
 
El auge de los viajes gourmet y las rutas temáticas también se hace presente en Corrientes, donde sus plantaciones de té están ganando el protagonismo que merecen. Cada vez son más los visitantes que aprovechan determinados momentos del año para disfrutar de los ciclos del té -y también de la yerba mate- en su máximo esplendor.
 
 
La entrada a la reserva natural de Establecimiento Las Marías, ubicada en la localidad de Gobernador Virasoro, es libre y gratuita. Luego de estacionar sus autos, los visitantes son recibidos en La Tienda, donde se proyecta un corto documental sobre la historia del establecimiento en un microcine y se ofrecen los distintos productos de Las Marías para degustar mientras esperan el comienzo de las visitas guiadas.
 
“Una gran cantidad de los visitantes que ingresa a Las Marías lo hace sin haberlo programado antes”, explica Diego Quiroga. “Lo deciden en la ruta. Cuando se encuentran al costado del camino con el espectáculo de las máquinas cosechando el té, el perfume de sus brotes y el tamaño y los colores de las plantaciones. En ese momento, se entusiasman y, como el acceso es inmediato, deciden entrar”, agrega Quiroga.
 
Dependiendo de la disponibilidad de tiempo, los visitantes pueden optar por la propuesta que mejor se ajuste a sus planes: el “Tour Peatonal” por el sector de envasado o el “Tour Las Marías”, que incluye un recorrido en minibus y brinda la posibilidad de avistar la fauna de la región, como los típicos carpinchos, y conocer todas las fases del proceso productivo. Para realizar este último hay que abonar un bono contribución de $10 a total beneficio de la Fundación educativa de la empresa. Durante los circuitos guiados los visitantes pueden apreciar bien de cerca los procesos involucrados en la producción de la yerba mate y el té, desde el cultivo en vivero y el secado hasta la molienda y el envasado, en un entorno natural único.
 
18:47 13/ENE
Maria
Corrientes es una provicia muy rica en destino para conocer, asi como el té tambien esta la yerba mate y sus carnavales. Morocha - turismo en argentina
21:05 18/FEB
mike
corrientes es muy bella! ahora que me estoy hospedando en un alquiler temporario en argentina pude conocerlo. espero poder volver pronto!

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EL TÉ DE LAS CONVALECIENTES de Emilia Pardo Bazán

15/DIC

Estaban aún un poco mustias, con un poco de niebla en los ojos mortecinos; pero ya deseosas de salir al ruedo y disfrutar su juventud, porque habían visto muy de cerca lo que horripila, y parecía inverosímil que hubiesen escapado de sus garras.

Eran señoritas de la mejor sociedad, sorprendidas, en medio de su existencia de suaves frivolidades y esperanzas de amor y ventura, con un porvenir riente y palpitante de indefinidas promesas, por la epidemia terrible, que elegía sus víctimas entre las personas en la fuerza de la edad, como si desdeñase a los viejos, presa segura en no lejano plazo. Unas habían sufrido la bronconeumonía, con sus delirios y su asfixia cruel; otras habían arrojado la sangre a bocanadas; en otras se habían iniciado los síntomas de la meningitis... Y cuando se creería que iban a cruzar la puerta negra y el misterioso río que duerme entre márgenes orladas de asfódelos y beleños, y en que el agua que alza el remo recae sin eco alguno..., el mal empezó a ceder, la normalidad fue reapareciendo, y las interesantes enfermitas reflorecieron, por decirlo así, no con toda la lozanía que se pudiese desear, pero como esas rosas blancas un tanto lánguidas y caídas, que en el vaso colmo de agua poco a poco van atersándose...

Todas tenían amigas entre las que no perdonó la Segadora, y aunque al pronto se lo ocultaron las familias, por no deprimir su ánimo, al fin lo tuvieron que saber, sucediendo algo muy humano y natural; que las convalecientes no se afligieron demasiado, porque la idea del propio bien consuela pronto del mal ajeno, y esta involuntaria reacción de egoísmo es una de las fuerzas defensivas de la pobre organización nuestra...

Y así que pudieron salir de casa, una extranjera distinguida y simpática, la secretaria de la Embajada rusa, la Kriloff, tuvo la ocurrencia de ofrecer un té a las convalecientes, un té blanco, sólo de muchachas, y poco numeroso, por limitarse a las que habían escapado del peligro y a media docena de amiguitas que no habían sufrido el mal. La condición -cosa admitida socialmente, por otra parte, desde años atrás- era que las madres no las acompañarían, y se contentarían con ir a recogerlas a eso de las ocho.

El piso en que habitaba la rusa estaba primorosamente dispuesto para la fiestecilla. Desde la antesala se percibía un perfume insinuante y delicioso, y la adornaban palmeras y flores, colocadas artísticamente, no con la empalagosa profusión que caracteriza a la decoración oficial, sino con oportuna gracia. Vestían las paredes telas raras y objetos de Oriente, estatuillas bizantinas de esmaltes, iconas sobre fondo de oro, de negras caras y vestiduras cuajadas de turquesas y perlas; y sobre los muebles, incrustados de plata y nácar, se veían labores en marfil, lozas persas y armas de mango enriquecido con coral y diamantes. El servicio del té estaba preparado en mesitas octógonas, de taracea delicadísima, y los manteles, de colores, ostentaban bordados de oro. Todo era original y curioso en su exotismo, y las muchachas empezaron a gozar impresiones nuevas y a cuchichear admiraciones. Lo primero que les ofreció la Kriloff fueron largos cigarros de Oriente, en una bandeja de cobre nielada de acero, y si algunas hicieron remilgos, la mayor parte de las convalecientes los encendieron con monería, sacando volutas de humo azul, y no desdeñando los emparedados de caviar y la confitura de hojas de rosa. Una de ellas, Natalia Torrente, aceptó un sorbo de vodka, el temible aguardiente ruso, padre de la locura; y las demás, animadas por el ejemplo, comenzaron a discutir si probar o no aquella fuerte bebida.

-El vodka -opinó la Kriloff, que sacudía la alborotada cabeza rubia, de un rubio casi blanco- no les puede hacer daño alguno. Yo he oído decir a eminentes doctores que todos los alcoholes son remedios contra la gripe. Pero es tal vez el vodka un poco áspero para sus gargantas. Les puedo ofrecer kirsch y oporto...

Natalia Torrente, la decidida deportista, no encontraba áspero el aguardiente aquél, y, a la disimulada, se echó dos o tres vasitos de los de afiligranada vaina de plata. Y afirmó después que todas las concurrentes al té, una por una y la que más y la que menos, habían aprovechado el consejo médico de la rusa, y que los dedales de cristal de Bohemia vermiculados no se vieron plenos ni un instante. Y la escena que siguió al té no tenía, a la verdad, otra explicación posible sino un ligero estado de..., ¿cómo llamarle?, de desorientación en las cabezas, por la virtud de los licores...

Sucedió que una de las convalecientes, la linda Toria Fuenseca, se lanzó a preguntar a la Kriloff si era cierto que sabía evocar los espíritus. La contestación fue una sonrisa enigmática; y otra de las convalecientes, Rosa María Mendoza, batió palmas, imploró a la rusa y exclamó:

-He oído también que vaticina usted el Destino... ¡Por Dios, díganos el nuestro!

La Kriloff cambió de semblante. A la sonrisa y a la amenidad de dueña de casa que recibe y obsequia, sucedió una expresión inquieta en su rostro singular, aureolado por la clara cabellera fosca.

-Es una experiencia -dijo- que hice alguna vez: pero..., créanme..., vale más dejar al Destino envuelto en sus velos. ¡No quieran nunca saber el porvenir!

Todas, excitadas y vehementes, en pie, rodearon a la diplomática.

-¡Por Dios! ¡Sería usted tan amable! ¡El Destino, justamente, es lo que interesa! ¡El Destino!

La rusa frunció el entrecejo; se encogió de hombros, como diciendo «allá ellas», y alzando un tapiz bordado de pájaros y flores imposibles, hizo entrar a las muchachas en un reducido aposento, alumbrado por la luz de una linterna de vidrios verdes, que difundía una luz semejante a la que emiten, en verano, las luciérnagas. Los rostros, a tal claridad, adquirían un tinte espectral. El fondo de la estancia lo formaban un enorme espejo, sin otro marco que las sedas de un doble cortinaje, que lo cubrían y que la rusa descorrió.

Las muchachas sintieron un sutil escalofrío al verse de pronto tan descoloridas, con tales ojos de sombra, en aquel cristal que parecía un sombrío lago cruzado por reflejos lunares.

-¡Silencio! -ordenó bajito la rusa-. ¡Vayan ustedes por turno acercándose; una sola; que las demás se retiren a un lado, vueltas hacia la puerta!

La primera que se lanzó a reclamar turno fue Natalia Torrente... Y allá en el fondo del lago, vio lo que la hizo exhalar un chillido agudo: En solitario camino, un automóvil volcado, debajo del cual un grupo de hombres sacaban a una mujer cubierta de sangre, semejante a un pelele, con los miembros rotos... Natalia, horrorizada, se reconoció...

Nerviosamente se adelantó Rosa María Mendoza. Tardó algún tiempo en precisarse la imagen, vaga y como formada de humo; pero al fin se vio, y a su alrededor, tres hermosas criaturas; dos varoncitos y una hembra, lindos como amores. Y cuando se embelesaba en la contemplación de los niños que eran suyos, que eran de su misma carne -¡qué cielos!, ¡qué soles!-, del fondo del lago salió una mano descarnada, esquelética, que les fue apretando la garganta uno a uno, y soltándolos tronchados, como rotos muñecos. Ella se veía luchar, luchar; querer desprender de los tiernos cuellos la mano horrible...; pero no podía, no podía, y las lágrimas rodaban de sus ojos, en hilos, hasta el suelo...

Al retirarse temblando María Rosa, se adelantó, emocionada, Toria Fuenseca, que, como no ignoraba nadie, estaba prendada hasta la médula de Enrique Ambas Castillas, y se consideraba probable la boda para cuando la novia recobrase completamente las fuerzas y la salud... ¿Qué iba a decir el espejo? Lo que dijo no se supo nunca, ¡porque Toria se lo calló muy bien! Lo dijeron los hechos: el casamiento de Íñigo, de allí a pocos meses, con una millonaria procedente de los países donde rueda el oro. En aquel momento sólo pudo verse que Toria, apartándose del espejo maldito, cayó con una convulsión violenta. Y la Kriloff, arrastrándola fuera del cuarto misterioso y haciéndola respirar un antiespasmódico, repetía:

-Se lo dije a ustedes... ¡No conviene consultar al Destino! En el porvenir hay siempre lo peor... Conste que yo no quería...

El resultado de la sesión fue muy penoso. Las muchachas aseguraron que lo habían pasado admirablemente, que no cabía cosa más divertida que un té así; pero fue lo positivo que dos o tres quedaron enfermizas y tristonas, y que Toria, al siguiente día, recayó con caracteres graves, y fue milagro que se la pudiese salvar. Con tal motivo se murmuró de la secretaria, y se le mostró un poco de frialdad en determinados círculos. No obstante lo cual, algunas señoras de lo más cremoso le pidieron que, en reserva, les permitiese consultar el espejo.

 

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GENMAICHA: TE CON ARROZ Y SAMURAI

13/DIC

La historia del té Genmaicha atraviesa numerosas leyendas y consideraciones que recorren todo el camino histórico de una época del Japón y la cultura oriental y también expresado en los aspectos más cotidianos del siglo XX, momentos en los que el té verde se alzó hacia su actual apogeo y difusión en todos los países productores y consumidores de té en el mundo.
El Genmaicha es un blend de té verde japonés que tiene su origen cruzado de leyendas e historias y entre las que se destaca una y que cuenta que en el siglo XV en Japón, en un refugio en el que se reunían guerreros samurai, se servía el clásico té verde, cuando uno de los sirvientes del grupo, llamado Genmai servía el té; en el momento de servirle a uno de los jefes, se cayeron unos granos de arroz de su manga (que guardaba para su diario refrigerio) en el cuenco, con lo que inmediatamente, furioso, el jefe samurai se levantó, tomó su katana (espada japonesa), y decapitó a su siervo. Luego sin inmutarse, se sentó nuevamente en la mesa a tomar su té, pero al beberlo, percibió que su sabor había cambiado positivamente con lo que ordenó servir de ese modo al té y llamarlo Genmai-cha (té), en honor a su sirviente.

Del mismo modo, otras historias y leyendas han recorrido el origen de este famoso té, ya que debido a que el té verde hace mucho tiempo era consumido por una elite social, y por su alto costo, las amas de casa extendieron el producto añadiendo granos tostados de arroz a las hojas de té para poder consumirlo masivamente. Y en este sentido, su nombre provendría de Gen (oscuro), mai (arroz) y cha (té). En una época se utilizaba el té verde de cosecha tardía bancha junto al arroz tostado, pero actualmente se lo prepara con el té sencha que es de mayor calidad. Las propiedades que posee el Genmaicha son muchas, entre las que se cuenta que estimula todo el sistema inmunitario, aumenta el metabolismo, absorbe grasas, previene el desarrollo de arrugas, combatiendo todo el proceso de envejecimiento, es también muy beneficioso para la piel y el sistema dental, es un gran digestivo, por lo que se lo recomienda beber posteriormente al almuerzo y cena, y cuenta entre sus componentes vitamina B1 y baja cantidad de teína, por lo que se puede consumir antes de dormir.
El aspecto visual del Genmaicha es de colores verdes brillantes del té verde sencha, con algunas tonalidades tenuemente acarameladas, aromas tostados y dulces del arroz, combinados y equilibrados por las notas vegetales del sencha, presentando en boca una textura aterciopelada que nos invita a recorrer cada una de las románticas historias y leyendas del maravilloso mundo oriental.

Fuente: http://infusion-te.blogspot.com

 

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