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EL TÉ Y LA SALVIA de Tomás de Iriarte

24/JAN

Tomás de Iriarte fue junto con Félix María de Samaniego uno de los fabulistas más importantes del siglo XVIII.

En estos versos censura a las muchas personas que estiman en más las cosas extranjeras que las de su propio país, y que las alaban y aprecian no porque tales cosas sean realmente mejores, sino por el mero hecho de proceder de otras tierras. Las fábulas de Iriarte son un tratado de preceptiva literaria, donde expone, de manera sencilla y amena, los defectos más corrientes de su época:

El té, viniendo del imperio chino,
se encontró con la salvia en el camino.
Ella le dijo: «Adónde vas, compadre?»
«A Europa voy, comadre,
donde sé que me compran a buen precio.»
«Yo», respondió la salvia, «voy a China,
que allá con sumo aprecio
me reciben por gusto y medicina.
En Europa me tratan de salvaje,
y jamás he podido hacer fortuna.
Anda con Dios. No perderás el viaje,
pues no hay nación alguna
que a todo lo extranjero
no dé con gusto aplausos y dinero».
La salvia me perdone,
que al comercio su máxima se opone.
Si hablase del comercio literario,
yo no defendería lo contrario,
porque en él para algunos es un vicio
lo que es en general un beneficio;
y español que tal vez recitaría
quinientos versos de Boileau y el Tasso,
puede ser que no sepa todavía
en qué lenguas los hizo Garcilaso.

 

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