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ENTREVISTA CON TAE YAMAMOTO

11/MAR

Tae Yamamoto es profesora universitaria de cultura y lengua japonesas en Kioto. Y además es una consumada experta en la práctica de la ceremonia del té, una milenaria tradición oriental originaria de China y que en Japón adquirió rasgos diferenciales a partir del siglo XVI. Yamamoto está esta semana en Barcelona invitada por el centro Kannon Gyo, que organiza unos talleres para enseñar estas técnicas. La especialista ha venido con sus padres, que estos días también exponen y explican sus trabajos en el centro, especializado en cultura oriental. Porque a Yamamoto, la cultura tradicional le viene de familia: su padre, Terumoto Goto, es uno de los últimos fabricantes artesanos de máscaras del teatro Noh, y su madre, Keigyoku, es artista de la caligrafía.

¿De dónde viene la ceremonia del té? ¿Cual es su origen?

El té matcha vino de China, y primero se bebía porque era bueno para la salud, y los monjes lo daban en los templos. Después se empezaron a fabricar boles decorados, y se creó una cultura en torno al té y a la ceremonia para prepararlo. pero no había nada marcado, nada sistematizado. Fue el maestro Sen No Rikyu el que en el siglo XVI empezó a practicar la ceremonia del té tal y como la conocemos hoy en día. El estudió la manera de dar todos los pasos de la forma más elegante posible y de economizar al máximo los movimientos.

¿Cual es el sentido de la ceremonia?

Prepararle al invitado el mejor té posible, hacer que lo disfrute al máximo, como si fuera el mejor día de su vida, siguiendo una serie de preceptos: la armonía; el respeto o la admiración por el otro; la pureza, que se refiere tanto a la limpieza como a tener un corazón puro, y la tranquilidad, la calma, alejase de los nervios y el stress.

¿En qué clases sociales se daba y en cuáles se da hoy esta práctica?

Antiguamente, era una afición de los samurai, de los guerreros. Uno de los aspectos importantes por que se recuerda a Sen No Rikyu es porque fue el maestro de té de los señores feudales Oda Nobunaga y Toyotomi Hideyoshi. Hoy puede aprenderla todo el mundo, y muchas mujeres se interesan por ella porque así aprenden elementos de educación, de elegancia.

¿La puede practicar un hombre o una mujer indistintamente, o sólo se le enseña a las mujeres?

Hombres y mujeres, indistintamente. Hay más mujeres que hombres que van a aprenderla, pero hay diferentes estilos, vinculados a diferentes linajes, y en cada generación hay una persona que es el maestro de ese linaje. Bien, pues estas personas todavía hoy son hombres siempre.

¿En el Japón actual está muy extendida la ceremonia?

No todos los japoneses la practican. Es como una afición, como si te gusta el tenis o el futbol. Hay mucha gente, pero pasa como con muchos deportes, que aunque no los practiques o te interesen, puedes ir a ver a un amigo, o a acompañarle. Si no participas en la ceremonia del té, no vas. Además, se hace en habitaciones pequeñas, y con grupos reducidos.

Se trata de una tradición medieval. ¿Qué importancia, que vigencia puede tener en la era de la Nespresso?

La ceremonia nos recuerda la importancia de las relaciones humanas, del contacto entre personas, de poner el sentimiento en cuidar, en agasajar al otro. Por ejemplo, en el tren la gente normalmente no habla, y es todo muy frío. En la ceremonia del té, aunque haya silencio, todos los participantes tienen la intención verdadera de disfrutar de ese momento, y de que sea un buen momento para todos los presentes. Y por lo que respecta al respeto, en la ceremonia todos son iguales, sea cual sea su edad y su cargo. Se crea un mundo aparte en que no hay diferencias entre unos y otros, y se busca la armonía entre ellos. En la época de los samurai, la ceremonia era una ocasión social muy importante porque todos tenían que quitarse la espada y podían hablar relajadamente.

Más tranquilos sin armas encima, claro.

Se dice que como en la ceremonia no había espadas y se podía hablar más claramente, Sen No Rikyu era el único que se atrevía a decirle las verdades a la cara a Oda Nobunaga y Toyotomi Hideyoshi, a decirles las cosas tal y como las pensaba. Los demás no se atrevían porque los habrían matado, pero él les daba consejos tranquilamente, amparado en la armonía de la preparación del té. En una época de guerras continuas, la sala del té debía de ser un lugar muy relajante para ellos. Debían de estar muy tranquilos ahí. Y en eso se parece al mundo de hoy: la gente trabaja mucho, la vida es una lucha constante, y cuando entras en la sala del té, te puedes relajar.

¿Echa en falta en la sociedad actual algunos de esos valores que se simbolizan en la ceremonia?

En todas las artes tradicionales japonesas, incluidas las artes marciales, están muy presentes esos valores de respeto, de armonía, de pureza, así que creo que entre los japoneses de hoy aún queda mucho de este espíritu.

¿Y en Occidente?

He comprobado, y me ha sorprendido, que aunque aquí no se entienda la lengua japonesa ni se sepa nada de la ceremonia del té, mucha gente, al verla, entiende perfectamente lo que simboliza. Yo creo que lo que la ceremonia propone conceptos universales.

¿Por qué es tan importante la caligrafía en la ceremonia?

Cuando los invitados entran en la sala, leen la caligrafía. Normalmente hay alguna cita del budismo zen, una frase inspiradora, que invita a reflexionar, y durante la ceremonia, los invitados piensan en su significado.

¿Cuánto tiempo puede llevar aprender la técnica de la ceremonia del té?

Para aprender una versión sencilla, con una semana practicando quizá sería suficiente. Pero hay muchas fórmulas diferentes. Y para conocer bien, a la perfección, la técnica y todas las variantes de la ceremonia, puedes necesitar 10 o 20 años. Por ejemplo, de cada herramienta, hay diferentes tipos, la decoración tiene que estar en consonancia con la estación del año, etc. Se tarda muchos años en conocer todos los detalles.

¿Cuánto lleva usted estudiando la ceremonia?

Empecé a los 13 años, estuvo 10 años aprendiendo, y después me fui a trabajar al extranjero y lo tuve que dejar durante un tiempo. Hace unos cinco años retomé el estudio de la ceremonia y desde entonces me he centrado mucho en conocer todas las técnicas y dominar todos los detalles, pero aún me falta mucho, puedo avanzar mucho más.

Se puede estar toda la vida perfeccionando la técnica.

Sí. La gente que aprende ceremonia del té nunca dice ‘ya está, ya lo sé todo’, sino que sigue practicando siempre, hasta la muerte. La profesora con la que yo practico tiene 50 años, pero el corazón de un niño: aún quiere aprender más, siempre quiere aprender más. Siempre hay quien puede saber más que tú. Hay personas con 80 años que hacen la ceremonia del té, así que nadie con 50 años te dirá que ya lo sabe todo.

¿De donde le vino la afición?

De pequeña, mis abuelos me preparaban té para merendar, no con la ceremonia completa, pero sí de forma ritual. Y entonces ya pensé que me gustaría saber cómo se hacía la ceremonia.

Y lo convirtió en su hobby.

Sí, es mi afición principal, a la que dedico más tiempo y más concentración. Mi hermana mayor también está aprendiendo la ceremonia desde los 14 años. Aunque trabaja en una empresa, le dedica mucho tiempo, y sabe muchísimo. Y a mí, aunque estoy muy ocupada con mis clases, me sirve para relajarme. Cuando entras en la sala del té, es como entrar en otro mundo, tu corazón está en otro mundo.

¿Cuánto tiempo le dedica?

Unas 10 horas por semana: cuatro entre semana y otras seis el fin de semana.

¿Y no imparte clases de ceremonia del té?

No, no. ¡Ya estoy muy ocupada con mis clases de la universidad!

¿Usted sólo toma té así?

Bueno, en casa, si me apetece un té, cojo el bote y me hago uno, sin más. Pero eso ya no nada ceremonial. Es sólo beber té.

Fuente: www.lavanguardia.es

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