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MI PRIMERA VEZ CON EL TÉ, por Ana Megías

03/MAR


Reconozco que nunca me ha gustado el café. Nunca tuve esa curiosidad desde pequeña como sé que mucha gente tuvo y por alguna extraña razón, yo incluso huyo de su olor. Y la verdad es que es algo de lo que me encantaría poder disfrutar: la variedad mundial que se ofrece es siempre increible y apetecible, al menos para el oido.

Pero quizás era que me estaba reservando los sentidos para otro tipo de aromas...el aroma del té. Y es cada vez que pienso en disfrutar de una taza, vienen a mi memoria momentos de buena compañía y tranquilidad, momentos, que como se diría ahora, son de auténtico zen.

Mi primera vez...dificil olvidar nuestra primera vez... Es curioso, pero mi primera taza de té la degusté en Alemania, en Dusseldorf. Por cuestiones de trabajo tuve que ir una semana a esta hermosa ciudad alemana en pleno mes de Noviembre. Nunca creí que volvería a sentir tanto frío como en aquellos días hasta que me trasladé hace ahora año y medio a Chicago. Estando en Dusseldorf, tuve la oportunidad de conocer a una pareja joven con la que pasé unos días. En una de aquellas noches, y mientras esperábamos a que llegara la hora de la cena, me ofrecieron un té. Me pareció grosero decir que no y simplemente me dejé llevar por sus consejos y repetía con disimulo los mismos pasos que ellos hacían. Agua hirviendo en una tetera, que para que no se enfriara, la colocaron en la mesa sobre una especie de cubo de porcelana que contenía una vela en su interior. La noche ya se hacía en la casa, y la luz de la cocina se volvió tenue para ser más iluminados por aquella pequeña vela.



Recuerdo que se trataba de un té de menta, aunque no sabría dar más datos, ¡era mi primer té!...pero si recuerdo muy bien el azúcar: piedras dulces que crujían al contacto con el té caliente...crac, crac...mmm....
Nos pasamos la velada hablando nuestras diferencias culturales, compartiendo ideas, abriendonos la mente y el horizonte,...

Hasta aquella noche, para mí un té era sinónimo de las manzanillas que me preparaba mi madre de pequeña para los dolores de tripa. Desde entonces, pensar en tomar un té ya significa mucho más: momentos de tranquilidad, de descubrir, de compartir con amigos, de intimidad...

Y para ti...¿cómo fue tu primera vez?

 

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